Unas 320 organizaciones sanitarias españolas, públicas y privadas recibieron en 2021 dinero de la farmacéutica estadounidense Pfizer. Ya sea en concepto de donación, colaboración o pago de honorarios (1). Más de 14.500 profesionales sanitarios se beneficiaron igualmente del maná de la farmacéutica. Millones de euros son repartidos cada año, por Pfizer y otras farmacéuticas a todo lo ancho y largo del mundo de la sanidad, sin que esto ni parezca merecer la atención pública, ni, mucho menos, la denuncia fundada.
Hace años, un gobierno valenciano del Partido Popular legisló en materia de gestión forestal para que las empresas madereras redactaran los planes de Ordenación Forestal de montes públicos para cuya explotación esas mismas empresas habían obtenido la concesión. Un regalo del cielo para las madereras, una expoliación garantizada para los montes. Aquello se pudo parar, el abuso parecía demasiado evidente. ¿Y en la sanidad? La comparación viene como anillo al dedo.
Las empresas farmacéuticas tejen año tras año una tupida red de intereses con el mundo de la ciencia médica, si puede llamársele de esta forma eufemística, las administraciones públicas y las fundaciones del sector, de todo ese ejército blanco que dice desvelarse por nuestra salud. Miramos para otra parte y de oírse, sólo se oirán voces que rebajan esta realidad escandalosa a un insustancial chocolate del loro. Nada significativo. Pero lo cierto es que es que loros, papagayos, cotorras y hasta algún macaco que se coló, pueden hartarse con el chocolate gentileza de la farmaindustria.
La Fundación Española de Reumatología, por ejemplo, recibió de Pfizer el pasado año 663.045 euros en concepto de colaboraciones y donaciones. Da para chocolate y alguna docena de churros. La Fundación Española de Pediatría, cuya página lleva el encabezamiento de la Sociedad Española de Pediatría, tuvo que conformarse con una taza infantil de chocolate, como le corresponde por su vocación: apenas 268.200 euros, también en concepto de colaboraciones y donaciones. De igual manera que las beneficiadas pueden contar con el chocolate, cabe preguntarse si también podremos contar los demás con la garantía de que estas sociedades médicas sabrán mantener su independencia de criterio a la hora de constituirse en portavoces de la medicina de los protocolos, las prescripciones generosas y la vacunación por inundación. Más a chorro que a goteo.
La Sociedad Española de Pediatría ha desarrollado una celosa labor de apostolado en favor del pinchazo coronavírico a todos los niños españoles que hubieran ya cumplido los cinco años (2). Sin duda, una labor grata a Pfizer pero que en otras latitudes se ve con algo más de desconfianza. Así, no se suministra en Dinamarca y no se recomienda en la Gran Bretaña. Pero ni en esos países, ni en el nuestro, los niños constituyen población de riesgo alguna, por más que siempre puedan engrosar la lista de clientes. De Pfizer, por supuesto.
Nuestra Sociedad Española de Pediatría, tras degustar su ración de chocolate, decidió que no estaba de más agujerear una y otra vez a los niños, para que coladores de inmunidad retornaran al cole.
La salud no es la gallina de los huevos de oro de Pfizer y demás compañías, lo es la venta de productos para tratar, y en ocasiones, devolvernos una apariencia de salud. La toma de todos esos productos, no pocas veces, va acompañada de efectos adversos. Entidades como las agraciadas por Pfizer deberían estar vigilantes ante esas situaciones para evitar que se repitieran. Preguntarse si el chocolate al por mayor que Pfizer les sirve pudiera estar en el origen de un conflicto de intereses está más que justificado. Tanta generosidad explicaría la apasionada defensa de políticas sanitarias fallidas y equivocadas, que son impermeables a toda rectificación pero de muy alta rentabilidad para los mecenas de la industria farmacéutica.
La tropa de fundaciones y demás organizaciones sanitarias, bien harían en cultivar una aséptica distancia del mundo de los intereses económicos de los vendedores de bálsamos y pócimas, sometiéndose a una dieta adelgazante de chocolate, y de churros. Esta sí que sería una dieta milagrosa; haciéndola unos, nos beneficiaría a los demás