Gracias USA. Por Carlos Feuerriegel

La guerra que enfrenta a los Estados unidos de Norteamérica y a la Federación de Rusia en suelo ucraniano ha alcanzado una nueva cota de infamia. En la noche del 25 al 26 de septiembre varias voladuras en el mar Báltico pusieron fin a toda posibilidad real de que el gas natural ruso, a corto y medio plazo, pueda llegar a territorio alemán a través de gaseoductos, la forma más barata y, hasta ahora, segura. Alemania era la primera escala de una larga ruta de reparto de este gas por  países de Europa occidental.

Cincuenta toneladas de peso, revestidas de hormigón y a cuarenta metros de profundidad, nos dan una idea de la potencia requerida para hacer saltar por los aires estos tubos, pero toda la dinamita del mundo parece ser insuficiente para despertar de su largo sueño a unos europeos que seguimos tragando con el discurso continuado de mentiras que nos sirven nuestros medios de propaganda. Nos toman por cretinos  y nos solazamos en ello.

El siete de febrero de este año, el presidente Biden y el Canciller alemán Scholz dieron una rueda de prensa conjunta en Washington. Rusia no había iniciado su acción militar. Biden, ante un atónito convidado de piedra alemán, afirmó (1):

“Si Rusia invade… no habrá más Nord Stream 2. Le pondremos fin”

Ante estas palabras, una periodista, no suficientemente aleccionada, osó preguntarle a Biden:

“Pero, ¿cómo lo harán exactamente, si … el proyecto está bajo el control de Alemania?

A lo que Biden, con una sonrisa condescendiente ante tanta ingenuidad,  contestó:

“Yo le prometo, seremos capaces de hacerlo”.

No hubo reacción alguna del Canciller alemán, dando un soberbio ejemplo de cómo debe comportarse un vasallo que se precie.

Consideren la posibilidad de que las Cortes españolas aprobaran una ley para garantizar la “seguridad y “diversificación energética” del Panamá. Absurdo, ¿no?  Pues eso precisamente es lo que hicieron nuestros amigos estadounidenses, bajo la presidencia del bufón de Trump en el año 2019 (2). La ley pretende garantizar nuestro suministro energético, a costa de reducir el suministro de energía de la Federación rusa. Por toda la cara. En concreto, el propósito de esa ley, que ningún Estado de la muy digna Unión Europea se ha atrevido a criticar y que nuestra prensa ni siquiera menciona, establece como objetivo:

“Para dar prioridad a los esfuerzos y fomentar la coordinación entre las agencias de los EEUU con el fin de estimular a los países en Europa y Euroasia a diversificar sus fuentes de energía y aprovisionamiento, aumentar la seguridad energética en la región y ayudar a los EEUU a alcanzar sus objetivos en seguridad energética global, y para otros fines”

Traducido a lenguaje más claro, quitar a Rusia como proveedora y meterse ellos. Basta leer el texto de la ley.

Rusia abastecía a Europa a través de cuatro gaseoductos, NordStream1, Yamal, Soyuz y Turkstream.  El primero ha sido volado, y no debe ser confundido con NordStream2, que ni siquiera llegó a funcionar y también ha sido volado, Polonia cerró la conducción de Yamal en mayo de este año, Ucrania cerró parcialmente Soyuz y se enfrenta a la negativa de la compañía rusa Gazprom de seguir abonando el importe de los derechos de tránsito inicialmente acordados (en 2019), dado que se envía mucho menos gas del previsto. De no llegarse a un acuerdo, estos envíos también llegarán a su fin.  Con respecto a  TurkStream, que sigue funcionando,  fue objeto de un intento de sabotaje el pasado 22 de septiembre, pero que pudo ser abortado. Este último sólo abastece a Turquía, Serbia y Hungría. Por ahora.

 Es cierto, y poco conocido, que Rusia sigue enviando gas natural a países de la unión Europea en forma de gas natural líquido, con barcos butaneros, como los EEUU, y que España es uno de los países que más han incrementado estas importaciones, hasta agosto del 2022 y con respecto al mismo periodo del año anterior. Pero este gas sólo difícilmente puede abrirse camino hacia el corazón industrial de Europa, y nunca en las cantidades necesarias.

Es desolador escuchar cómo se acusa a Rusia de unas voladuras, que han conseguido aquello que los EEUU, oficial y repetidamente, han declarado que era su objetivo. A los rusos les bastaba con cerrar el grifo. Tan sencillo como eso. El que podamos llegar a dar crédito a esas acusaciones indica a qué grado de degradación han llegado nuestras inteligencias.

Radek Sikorski, miembro polaco del Parlamento europeo y exministro de defensa de Polonia, fue más sincero, y el mismo 27 de septiembre, accesible también el 28 de septiembre, colgó un twitter en las redes sociales (3), ya debidamente borrado, en el que felicitaba a los EEUU por la voladura de los gaseoductos en el mar báltico:

“Como decimos en polaco, una cosa pequeña, pero que proporciona mucha alegría. Gracias Estados Unidos”.

Como foto que acompañaba a su salida de tono del discurso oficial, la imagen del mar burbujeante lanzando el gas natural fugado de las conducciones a la atmósfera.

En 1917, EEUU entraron en guerra para derrotar a Alemania y poner fin a la primera Guerra Mundial. En 1945 volvieron a derrotarla; era el final de la segunda Guerra Mundial. En 2022 lo han vuelto a repetir. El golpe a la industria y a la economía alemana es demoledor.  Lo vamos a sentir todos nosotros. También en España, no les quepa duda.  En el futuro inmediato podrán darle las gracias a nuestro amigo de más allá del Atlántico. Incluso pueden empezar a hacerlo ya, nadie nos ha liberado tantas veces y con tanto desinterés. Dios les bendiga. Amén.

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