Transhumanismo

Conocidos como Ministerios de la Guerra en tiempos menos dados a los eufemismos, hoy se llaman Ministerios de Defensa y su listado de competencias rebasa toda medida. No sólo frente a pandemias y terrorismos ocasionales nos ofrecen su paraguas protector, ahora se han propuesto defendernos de nosotros mismos, de nuestras limitaciones e incapacidades y la tarea se presenta muy prometedora.

Los Ministerios de Defensa de Gran Bretaña y Alemania, han elaborado un documento titulado “La mejora humana. El amanecer de un nuevo paradigma” y que queda publicado en la página del Ministerio británico como verán en el enlace(1). Cincuenta y una páginas bien cebadas de elucubraciones y futuros de esplendor para superar la deficiente naturaleza humana que, se lamentan los redactores, constituye el factor más crítico en el campo militar.

 Desgraciadamente no nos hemos hecho, como la burra del cuento, a no comer; nos deshidratamos, dormimos y vemos menos que poco en la oscuridad. Problemas derivados de una evolución que puede y debe ser enmendada, para lo cual nuestros militares del Occidente de los valores se ponen manos a la obra. Cierto es que las intervenciones que proponen, con su calendario de metas a alcanzar, entraña problemillas éticos, pero eso no debe constituir obstáculo alguno por dos razones: nuestros adversarios, nunca aparece la palabra “enemigo”, no conocerán estos escrúpulos propios de nuestra superior moral, por lo cual quedaríamos en desventaja en el caso de renunciar a la mejora humana, y porque no hay otra alternativa, así de simple. Para nuestros gobernantes, nunca hay alternativa. Una realidad chocante dado que la superioridad de nuestros valores parece radicar precisamente en la elección, por parte del pueblo soberano, entre diferentes alternativas.

Los Ministerios de la Guerra de nuestros aliados, nos avisan o prometen que, en los próximos treinta años crecerá radicalmente nuestra capacidad para manipular el cuerpo humano, lo cual debe ser saludado por todos nosotros, los futuros manipulados. Se felicitan de que la mejora humana que dibujan para un futuro que ya está aquí, no sólo tendrá el potencial de afectar a todas las facetas de nuestras vidas, sino que incluso cambiará el significado de lo que significa ser humano. El pelotón de mercenarios que nutre las filas de sus ejércitos parece ser más que deficiente para las campañas que tienen en mente. Y para todas aquellas personas que tienen dudas sobre el significado de la pandemia del coronavirus, los escribanos de Defensa reconocen que los tratamientos que implican nuevos procedimientos de vacunación y terapias celulares y génicas, como las aplicadas frente al coronavirus, son ejemplos de mejora humana que ya están en marcha. Sin un suficiente rechazo por parte de la población cobaya. Para los Ministerios de Defensa todo un signo prometedor.

La aplicación de la mejora humana a nuestra pobre condición actual mejorará nuestro rendimiento propio e incrementará el interés de la sociedad por la que ellos denominan auto-optimización, es decir, por nuestra explotación voluntaria, “particularmente en un mundo con cada vez mayor individualismo y competitividad”. Precisamente el mundo que ellos promueven frente a un mundo con mayor empatía y colaboración; el mundo del que abominan.

Por supuesto que la mejora humana nos ofrecerá en su menú la ingeniería genética para incubar seres más competitivos, obedientes al mando y carentes de escrúpulos, pero esto queda para el horizonte del 2050. Pueden respirar tranquilos si el proyecto de nuestros defensores llega a inquietarles.

Afirman nuestros benefactores uniformados que seis millones de años de evolución nos han traído hasta aquí y que ahora, finalmente y para comenzar, somos capaces de decidir cómo debe ser conformada nuestra evolución futura. No les gusta el resultado, es decir, nosotros. Sin duda les aflige que cada ser humano aporte al nacer un fondo de humanidad intacto. Les repele la impredecibilidad de cada nuevo ser humano y que en él siga pesando más su naturaleza social y una herencia biológica y de cualidades adquiridas, llamada esta última tradición, que les impide imprimir en todos nosotros el sello de sus megalomanías contrarias a la vida tal y como es. Sueñan con sus hombres y mujeres de probeta y por supuesto aspiran a tener las llaves del laboratorio.

Todas esas pesadillas las financian nuestros estados democráticos y las cuelgan en la red para que puedan ser leídas, a sabiendas de que no lo serán y de serlo, no llegarán a ser difundidas, permitiéndoles regalarse con la medalla de la transparencia.  A los redactores del documento no les preocupan en exceso las objeciones éticas frente a esta manipulación humana. Ellos saben que tienen la sartén por el mango con el control absoluto de los medios de comunicación. La pandemia del coronavirus les ha servido de campo de ensayo y abiertamente reclaman que no se espere a que cambien estas consideraciones éticas, en la medida en que puedan ser un obstáculo a sus propósitos, para lo cual manifiestan su deseo de intervenir en el debate y de asegurarse que se lidera el mismo. Esta jactancia reveladora exige a los lectores llegar hasta la página 48, casi al final. Cuentan con el abandono muy anterior de toda atención, años de twitter les han preparado el camino.

Los mismos que propagan la digitalización de nuestras vidas, el paulatino desplazamiento de la vida real por la falsedad virtual y su efecto de pérdida de capacidad cognitiva, ahora nos vienen con la medicina de la mejora humana en una última pirueta de rechazo y burla al tesoro inabarcable de la vida que nos ha sido dada.  Los nuevos ocupantes de estos Ministerios de la Guerra parecen tener sólo adversarios externos, extraños y lejanos, pero es porque el cupo de enemigos ya lo han llenado con nosotros. Es a nosotros a quien declaran la guerra y ni siquiera se preocupan por ocultar su calendario de operaciones.

(1) https://www.gov.uk/government/publications/human-augmentation-the-dawn-of-a-new-paradigm

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