Ya disponible para todo el mundo el libro que se ha editado a raíz de la divulgación, por orden judicial, de los resultados de los estudios realizados por Pfizer sobre su vacuna contra el COVID y que tanto la compañía, como los gobiernos que la adquirieron, intentaron ocultar.
En Ayora Despierta informamos en su momento de la demanda en los Estados Unidos de Norteamérica para el acceso a los documentos de Pfizer relativos a los ensayos clínicos de su llamada vacuna contra el coronavirus. Comirnaty es su nombre comercial y es la más inyectada en España y en la Unión Europea.
La demanda, presentada en los tribunales en agosto del 2021, la realizó un grupo de profesionales de la sanidad pública y acogiéndose a una ley existente en ese país que garantiza el acceso a ese tipo de información. En enero del 2022, un juez de distrito del Estado de Tejas aprobó la solicitud obligando a Pfizer a hacer entrega inmediata de 12.000 documentos y para el resto de la documentación, hasta 300.000 páginas, les fijó un ritmo de entrega de 55.000 páginas al mes.
Debe señalarse que las autoridades sanitarias de los EEUU, representadas por la FDA, el organismo que autoriza los medicamentos, se negaba a publicar esa información y había solicitado que permaneciera secreta por setenta y cinco años. En nuestra Unión Europea tampoco somos muy transparentes y conocido debiera ser por toda persona mínimamente informada, que la impresentable de Ursula Von der Leyen, Presidente de la Comisión, se niega a hacer públicos el contenido de sus SMS con el Director de Pfizer, Albert Bourla, que sirvieron para urdir el mayor contrato de la historia de la Unión.
Unas 3.500 personas han trabajado en los EEUU desde enero del 2022 para estudiar y divulgar la información contenida en los primeros 12.000 documentos obtenidos del juzgado. Ahora ven la luz en forma de ebook (1) – accesible sólo en inglés y por apenas 9,25 €, al alcance de cualquiera que desee conocer lo que se intentó ocultar. No esperen publicidad del libro en la televisión pública, tampoco en las privadas. Sirven a los mismos amos.
Evidencias encontradas:
1.- No es cierto que la eficacia de la vacuna de Pfizer fuera del 95%, como se afirmó día y noche. En primer lugar, porque apenas se registraron 170 casos positivos de coronavirus entre una población de ensayo de 40.000 participantes, lo cual quita todo valor estadístico a la muestra por insignificante. Pero además los casos se consideraron positivos tras prueba PCR, inaceptable como base de diagnóstico y de haberse medido la presencia de anticuerpos al coronavirus (se hizo, pero no se dio a conocer), la eficacia habría bajado al 54%. Si consideramos que hay personas que hacen frente al virus sin dar lugar a la formación de anticuerpos, el número de positivos habría sido superior y la eficacia por debajo del 50%. Algo que la práctica ha puesto en evidencia y que ya no puede pasar desapercibido.
2.- Es falso que el ARNm envuelto en nanopartículas de grasa e inyectadas en el músculo permanezcan en ese lugar. Pueden pasar y pasan al torrente sanguíneo y penetran en el cerebro, testículos y ovarios, entre otros órganos y por un tiempo desconocido siguen dando lugar a la producción de espículas.
3.- En las 12 semanas posteriores al inicio de la campaña de vacunación (del 01/12/20 al 28/02/21) Pfizer recibió notificación de más de 158.000 casos adversos. Pfizer se vio obligada a contratar a 2.400 personas a tiempo completo para poder evaluar esos casos y, hasta el momento de darse a conocer estos documentos, quedaban unos 20.000 casos por estudiar por la propia Pfizer. Un producto sin efectos secundarios ofrece otra hoja de servicios. Al menos hasta ahora se le exigía.
4.- En las mismas doce primeras semanas a Pfizer se le notificaron 270 efectos adversos en mujeres embarazadas. Pfizer siguió la evolución de sólo 32 casos. En 28 de ellos, se produjo la muerte del feto. Es una mortalidad del 87,5%. Quizás esto explique el descenso de la natalidad en numerosos países que hicieron de la vacunación bandera de obligado seguimiento. Obligado pese a que no existiera la vacunación obligatoria con fuerza legal pero sí la discriminación y el acoso social escandaloso.
5.- En las mujeres lactantes detectaron efectos en las madres y en los bebés. Pese a ello no realizaron advertencia alguna de los riesgos.
6.-Pfizer detectó que se producía transmisión del ARNm contenido en las vacunas a través del contacto piel con piel, respiración, líquidos corporales y en las relaciones sexuales, de forma que los no vacunados recibían indirectamente componentes de la vacuna. Este problema se menciona en la documentación ya disponible en agosto del 2021, pero pese a ello los organismos oficiales de los EEUU, hasta julio del 2022 lo calificaron como “un mito”. No lo era.
7.- Pfizer exigía a los varones que participaron en los ensayos clínicos que se abstuvieran de tener relaciones sexuales con mujeres en edad fértil o que utilizaran preservativos o métodos seguros que impidieran contacto con el semen.
Pfizer no evaluó los posibles efectos de la vacuna sobre el semen, pero sí sabía que las nanopartículas de grasa que engloban al ARNm perjudican la calidad, cantidad, morfología y movilidad de los espermatozoides. Nada se informó de ello.
8.-El ARNm que se inyecta es un ARNm modificado, no es una mera porción del ARNm del coronavirus que codifica la formación de las espículas. La modificación se realiza para garantizar que resista al ataque del sistema inmune y poder llegar a penetrar en las células pero esto a su vez podría reducir la defensa frente a otras enfermedades, también víricas.
9.-A principios del 2021, Pfizer ya sabía del peligro de miocarditis especialmente en jóvenes. Tuvo que llegarse hasta agosto del 2021 para que los organismos oficiales de los EEUU (CDC y FDA) advirtieran de este peligro.
10.- Pfizer no informó de la presencia de microRNA en las vacunas, pese a ser conocedor de su existencia. El microRNA es importante en la regulación y expresión de los genes relacionados con el sistema inmune de una persona. No se estudiaron las consecuencias.
11.- Pfizer inicialmente, y como en todo ensayo, contaba con un grupo vacunado y otro placebo. En teoría el seguimiento de ambos grupos debía prolongarse durante dos años. Pfizer a los cuatro meses de iniciado el ensayo clínico, vacunó al grupo control o placebo, de forma que es imposible realizar una comparación en la evolución de ambos grupos. Esto, que constituye todo un escándalo, no parece preocuparle lo más mínimo a nuestras autoridades sanitarias. Sin placebos no hay comparación posible.
Los datos ya conocidos nos dan una ligera idea del grado de complicidad de los gobiernos y autoridades sanitarias con este gigante de la industria farmacéutica, trasladable a las otras empresas que igualmente lanzaron al mercado sus vacunas milagrosas. El silencio de los medios de comunicación debiera ser motivo de reflexión para más de una persona. El trabajo en los EEUU de todos los voluntarios que han hecho posible que hoy podamos acceder a esta información, merece nuestro agradecimiento y reconocimiento.