Los Estados que dicen representar los valores del occidente, EEUU y la Unión Europea a la cabeza, han recibido un brutal baño de realidad. Inesperado en la forma, pero previsible en sus objetivos. Rusia ha respondido. La Unión Europea ha fracasado en toda línea.
La intervención de Rusia en Ucrania tiene una larga historia y es preciso conocerla para poder entender cómo se ha podido llegar a este momento que va a marcar nuestras vidas, como europeos, durante un largo tiempo y para mal.
Rusia no se puede fiar del llamado Occidente. Tiene razones para ello. La disolución de la Unión Soviética y la reunificación alemana, que jamás se habría conseguido sin el apoyo de la URSS, personificado en Mijail Gorbachov, vino acompañado de promesas, nunca escritas ni formalizadas en forma de tratado, un debe de Gorbachov, en el sentido de que la OTAN no crecería hacia el este incluyendo a países que hasta ese momento formaban parte del pacto de Varsovia. Rusia ha insistido una y otra vez en que esas promesas se han incumplido. Y Rusia tiene razón.
La semana pasada el diario alemán “Der Spiegel” (1), declaradamente de línea anti-Putin publicó las actas, que obran en poder del Ministerio de Asuntos Exteriores británico de una reunión que tuvo lugar en Bonn, entonces la capital de Alemania, el seis de marzo de 1991. A ella acudieron los Directores políticos de los Ministerios de Asuntos Exteriores de los EEUU (Raymond Seitz), Francia, Gran Bretaña y Alemania (Jürgen Chrobog). En las actas se recoge que tanto el representante de los EEUU como el alemán consideraron “inaceptable” toda ampliación de la OTAN hacia el este, “dado que contravendría las promesas hechas a los soviéticos”.
En forma de tratado , estas promesas sólo se recogen en el tratado de reunificación de Alemania, conocido como 2+4, en el que se establece (Art.º 5) que no se establecerán tropas no alemanas en el territorio de la anterior Alemania Oriental , una vez se hubieran retirado las tropas soviéticas allí estacionadas. Quedaban igualmente excluidas las armas atómicas y toda estructura para su lanzamiento. ¿Qué sentido tendría ampliar la OTAN hacia el este, si ni siquiera se contemplaba que la Alemania oriental pudiera albergar estas tropas, y pese a que la Alemania reunificada sí que quedaría dentro de esa alianza?(2).
No hay seguridad posible si esta no se siente igualmente por las diferentes partes implicadas. Los EEUU jamás permitirían un avance hacia sus fronteras de una alianza militar que declarara a los propios EEUU como su amenaza principal. Esto es precisamente lo que ha venido haciendo la OTAN desde 1990 y la primera gran ampliación (1999) se hizo en un momento en el que en Rusia no mandaba Putin, sino ese gran amigo del Occidente que era el presidente Yeltsin. El personaje que inició la privatización de la economía soviética y su venta a precio de saldo a los intereses norteamericanos, a través de oligarcas rusos. Putin fue precisamente una reacción a esta quiebra absoluta de la antaño poderosa Unión Soviética, no para rehacerla en su anterior extensión, sino para devolver al corazón de la extinguida URSS, la Federación rusa, la dignidad nacional perdida.
Quizás En España pasara desapercibida la destitución el pasado 22 de enero del más alto mando de la Marina alemana, el Vicealmirante Kay-Achim Schönbach. El motivo fueron unas declaraciones suyas, realizadas en la India (3):
“Lo que Putin realmente quiere es respeto y a una misma altura. Y, por Dios, demostrar respeto a alguien no cuesta casi nada, no cuesta nada. Por lo tanto, si a mí se me pregunta: es fácil tratarle con el respeto que demanda, y que, presumiblemente, también se merece”
Donde pone Putin, entiendan Rusia y podrán entender la queja de este alto militar disconforme con la manera en que Rusia venía siendo tratada.
Antes de volver a Ucrania, refresquemos nuestros recuerdos y traigamos a la memoria Yugoeslavia, año 1999. El mismo año de la primera ampliación de la OTAN con Polonia, Chequia y Hungría. Ese año, la OTAN, con un socialista español al mando, Javier Solana, inició su campaña de bombardeos masivos sobre Serbia, de marzo a junio, y sin mandato alguno del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Una intervención ilegal, pero, ¡faltaría más!, bajo la cobertura de la “intervención humanitaria”. Se bombardeó a la población civil, también Belgrado, la capital, y dentro de ella la embajada de China. Hagan memoria. No, Ucrania, no es la primera guerra en Europa después de 1945. Serbia era una aliada histórica de Rusia. Aquella agresión de la OTAN no pasó desapercibida en Moscú.
Hoy Rusia podría perfectamente echar mano del argumento de la “intervención humanitaria”, y tampoco se ha privado de hacerlo. Cuando en 2014 es derrocado el gobierno prorruso que había en Ucrania para instaurarse un gobierno según los deseos de los Estados Unidos, los gobiernos regionales de las provincias orientales de Donetz y Lugansk , con población mayoritariamente rusa y elegidos con anterioridad al golpe de Estado, son disueltos por las nuevas autoridades de Kiev. Las dos regiones no reconocen a ese gobierno. Es el origen de las dos provincias “separatistas”. Desde entonces, ocho años, se han visto sometidas a un estado de guerra permanente con asedio a la población civil. Poco se ha hablado de ello en nuestros países, pero mucho en Rusia. Año tras año.
Cuando el pasado lunes 21 de febrero, Rusia reconoce la independencia de esas dos provincias y firma, acto seguido, un tratado de apoyo y colaboración, exigiendo del ejército de Ucrania que cesen los ataques a esos territorios, se había dado el paso, en caso de incumplimiento, para la intervención militar.
¿Qué hemos hecho en Europa? Nada. No hemos sido capaces de conseguir que el gobierno de Ucrania se sentara a hablar con esas dos provincias “separatistas”, pese a que así se había comprometido ese gobierno en unos acuerdos llamados de Minsk y respaldados por Alemania, Francia y Rusia. Al contrario, hemos enviado armas y envalentonado al gobierno de Ucrania para que prosiguiera con una espiral suicida. En esto, otra vez, hemos seguido el juego de los Estados Unidos que incansablemente han venido trabajando para conseguir esta guerra. Ya la tienen. Lejos de su territorio y con deseadas grandes ganancias para ellos.
La guerra de Ucrania aleja cualquier necesaria colaboración entre los países de la Unión Europea y Rusia, nos conduce, todavía más, a la absoluta dependencia de los Estados Unidos, y a nuestra total irrelevancia política. Triste es que, nuevamente, otro español y también genio y figura del PSOE, aparezca como responsable de la diplomacia de la Unión Europea, el Sr. Josep Borrell.
A raíz de la entrada del ejército ruso en Ucrania, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de la RPChina dio una rueda de prensa. Un corresponsal occidental, país desconocido, le preguntó por la valoración de la “invasión” rusa de Ucrania. La respuesta es sintomática del descrédito de eso que aquí llamamos nuestros valores. La portavoz rechazó el término “invasión” pero le preguntó al periodista por qué él no empleó ese término para referirse a la las guerras de agresión del “Occidente” en Libia, Irak, Siria o Afganistán. Es una pregunta que merece una respuesta. Nuestra doble moral cada vez tiene menos adeptos. Triste es que este fracaso se alcance a un precio tan
alto: Ucrania, Rusia, Europa.
- Semanario “Der Spiegel” edición del 18/02/2022
- https://www.bpb.de/themen/deutsche-einheit/zwei-plus-vier-vertrag/
- https://www.zdf.de/nachrichten/politik/russland-admiral-kay-achim-schoenbach-putin-aussagen-100.html
- https://www.abc.es/internacional/abci-china-elude-llamar-invasion-ataque-rusia-contra-ucrania-202202241038
El que occidente, con su seguimiento de las iniciativas de USA haya realizado agresiones sobre paises como Libia o Bosnia no significa que Rusia no esté ejecutando una agresión con la invasión de Ucrania. No se trata de quien es más malo en el dúo Rusia/USA. Por supuesto que Europa tendría que tener más solidez, unidad y decisión propia.