Canadá: un mal ejemplo y una señal de alerta

El Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau se ha visto  obligado a anular su decreto por el que se instauraba en el país el Estado de Emergencia. Apenas unos días después de haberlo decretado y para intentar reprimir el  movimiento  de protesta de los transportistas frente a la vacunación obligatoria anti COVID.

Esta derrota en toda regla de Trudeau es derivada de la oposición del Senado canadiense a darle su visto bueno. La misma va acompañada de iniciativas judiciales para que rinda cuentas de la decisión que tomó y de la que informamos en una noticia anterior en este Blog.

Desde aquí queremos llamar a la reflexión de la suma facilidad con la que un gobernante puede, bajo la excusa de la situación sanitaria, recurrir a medidas que, hace apenas unos meses, nos habrían parecido inconcebibles. En el caso de Canadá, bloquear las cuentas bancarias, no sólo de los participantes directos en las protestas, sino de todo aquel que en las redes o de alguna otra forma, manifestó su apoyo a los que salieron a las calles. En apenas horas, todas esas personas, decenas de miles, pasan a ser verdaderos proscritos de la sociedad.

En Canadá el espíritu de rebelión  era y es fuerte. La elite política ha tenido que rectificar ¿Y en  Europa? Probablemente ignoren que en estos momentos  en Alemania están  prohibidas todas las manifestaciones en contra de la política pandémica del  gobierno. Así como suena. Sólo esas manifestaciones están  prohibidas.  Pese a ello, la gente sale a las calles. Todas las semanas. Para  llevar a cabo las protestas  recurren a la organización de “paseos comunitarios”, sin convocantes y  que se organizan a través de las redes sociales y estableciendo un día y hora fija a la semana para salir a “pasear”. El modelo se toma de las protestas populares que se organizaron antes de la caída del gobierno de la Alemania oriental en 1989.

En España no es necesario recurrir a estas medidas. No existe hoy por hoy, un rechazo suficiente a la política absurda anticovid de las administraciones.  Esto no impide que reflexionemos sobre la facilidad con la que gobiernos que atacan las vulneraciones de los llamados “derechos humanos” en otros países, recurren a las mismas vulneraciones cuando lo consideran oportuno.

El coronavirus está siendo un inmenso laboratorio de ensayos para medidas represivas que van a quedar en la recámara para poder echar mano de ellas en el momento oportuno. Ser conscientes de esto es el primer paso para poder impedirlo.

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