CARLOS FEUERRIEGEL
“El cerebro adoctrinado” es un libro aparecido en Alemania en agosto del pasado año (1). Su autor es el doctor en medicina Michael Nehls con una larga trayectoria de investigación en el campo de la inmunología y la genética molecular. Si bien en sus páginas se hace referencia a libros que resultaron ser proféticos como “Un mundo feliz” de Aldous Huxley y “1984” de George Orwell, la denuncia de Nehls no hace referencia a un futuro hipotético, sino a un pasado muy reciente que más que pretérito, es presente. El nuestro. El de las sociedades occidentales, principalmente, conmocionadas por la experiencia de la pandemia del coronavirus SARS-CoV-2.
Nehls no se anda por las ramas. Desarrolla atrevida y sólidamente su denuncia: las medidas contrarias a la evidencia científica y al buen sentido, dictadas con idéntico contenido por los más variados gobiernos, no han sido fruto de la improvisación, ni del desconocimiento ante un patógeno que se presentaba como nuevo. Nehls afirma, aportando sus razonamientos y pruebas, que nos vimos sometidos a un enorme experimento social con el propósito deliberado de reducir nuestra capacidad para el pensamiento creativo y crítico así como socavar nuestra fortaleza psicológica.
Ya la misma constitución génica del coronavirus cuyo origen se situó en China, habla bien claro y manifiesta ser hija de la manipulación genética realizada en laboratorio. No procede del medio natural, presenta particularidades que sólo se pueden alcanzar de forma intencionada. Nehls no profundiza en la posibilidad de una liberación casual o deliberada. Sí detalla los antecedentes más que sorprendentes del Event 201 de octubre del 2019 y de la cumbre de la “Vacunación Global” de septiembre de 2019. La segunda fue organizada por la Comisión Europea y la Organización Mundial de la Salud. El Event 201 contó con el patrocinio del Foro Económico Mundial, la Fundación de Bill y Melinda Gates y el Centro Johns Hopkins de los Estados Unidos.
En ambos encuentros , anteriores uno y dos meses, a las primeras noticias del SARS-CoV-2 se detallaron las medidas que luego serían aplicadas por la inmensa mayoría de los países del mundo. Con un denominador común: difundir permanentemente un mensaje de miedo y absoluta vulnerabilidad ante el nuevo coronavirus. La única protección posible procedería de mantener la distancia social, el uso de mascarillas, incluso en el medio natural, los confinamientos generalizados, tanto de personas sanas como contagiadas, la determinación del contagio con las reiteradas pruebas PCR que no eran capaces de diferenciar entre virus viables y partículas inactivadas del mismo, y la aceptación de los inyecciones de ARN mensajero como única alternativa para la vuelta a una normalidad más que frágil.
Nehls afirma que cuando desde la dirección del Foro Económico Mundial se llama a aprovechar la pandemia para realizar un “Gran Reinicio”, como hacen Klaus Schwab y Thierry Malleret en su libro de junio de 2020, no están pensando en una vuelta a una situación anterior. Ahora se estaría hablando de crear una nueva situación, resultado de un verdadero asalto a nuestros cerebros para facilitar ese reinicio que busca nuestra sumisión ante la concentración de poder en cada vez menos manos, las manos de las entidades que elaboraron las medidas que luego serían aplicadas.
¿Cómo se llega a ese deterioro de nuestra capacidad de pensar libre y críticamente? La herramienta es el miedo. Colocarnos en un estado de estrés crónico que desencadena la liberación de las hormonas cortisol, cortisona y corticoesterona. Estas hormonas actúan sobre la capacidad de generar nuevas neuronas por parte del hipocampo, deteriorando la neurogénesis de las llamadas neuronas índice. A ellas debemos nuestra memoria autobiográfica que son la fuente de nuestra personalidad y, en la medida en que se producen, nos permiten sopesar nuevas situaciones amenazantes con la experiencia acumulada a lo largo de nuestra vida, confirmando el peligro o rechazándolo.
El discurso permanente del miedo que se difunde desde el poder de los medios de comunicación: al coronavirus, a los rusos, a la guerra y el peligro inminente para nuestros países, a la catástrofe climática, daña la generación de esas neuronas índice de nuestro hipocampo. No produciendo nuevas, gravamos sobre las viejas los nuevos mensajes que por su impacto emocional nos impresionan, y al hacerlo así, borramos nuestras experiencias pasadas. Estas experiencias nos hacen quienes somos, reafirman la conciencia de nosotros mismos, nos permiten pensar de forma libre y salirnos de los caminos trillados por los que nos llaman a caminar. En el conjunto de la sociedad se llega a un verdadero reinicio mental colectivo, pero con los mensajes del adoctrinamiento. El resultado es la sumisión y la aceptación de toda medida, por absurda que sea.
Todo lo anterior que puede parecer sumamente abstracto, se traduce, sin embargo, y a la vista del nefasto resultado de las inyecciones con el ARN mensajero de los diferentes promotores, Pfizer, Moderna…etc, en que cada vez un número mayor de personas se cuestionen su conducta y la del conjunto de la sociedad durante la pasada pandemia. Ciertamente se trata, todavía, de una minoría que no sucumbió al mensaje del miedo, pero una minoría que marca una tendencia y descubre la complicidades políticas vergonzosas que apenas saben como salvar la cara.
Es el caso claro del país de Nehls, Alemania, donde el autor ha conseguido dar una gran difusión a su libro pese a la censura de los medios o de Amazon. Tanto en Austria como en Alemania y en las pasadas elecciones generales o regionales (en tres autonomías), la exigencia de una Comisión parlamentaria de investigación de todas las medidas tomadas durante la pandemia, ha sido uno de los temas principales de las diferentes campañas. Las fuerzas políticas que exigen esta medida representan alrededor del 40% del voto. Incluyen a la llamada extrema derecha y a los nuevos herederos de lo que fue extrema izquierda. Frente a ellos encontramos a los populares, socialistas y verdes que se oponen enrabietadamente. Nada debe cuestionar la difusión del miedo permanente, tal y como ya nos anunció el Foro Económico Mundial en su informe de 2023 de “Riesgos globales”. Estaríamos entrando en la era de la “permapandemia”. Dejada atrás una, ya se prepara la siguiente.
Nuestro cerebro, con sus dos hipocampos y con su capacidad de regeneración neuronal hasta el final de nuestras vidas, puede, sin embargo, fortalecer nuestra inmunidad frente a esta era del terror programado. La receta para ello, es bien sencilla: una vida que satisfaga aquellas necesidades que han ido de la mano con nuestra evolución como especie. Llenar con sentido la vida, recuperar el contacto con la naturaleza, alimentarnos evitando las carencias de todo tipo, ejercicio físico, sueño reparador, mantener viva la curiosidad y el afán por saber. Todo ello unido a un desafiante y elegante giro de 180 grados sobre nosotros mismos. Con ello daremos la espalda a los mensajes del miedo y al adoctrinamiento de nuestros cerebros.
(1) Michael Nehls “Das Indoktrinierte Gehirn”, Mental Enterprises, agosto 2023, Vörstetten