El enigma alemán

Carlos Feuerriegel

En 1979 el presidente norteamericano James Carter armó a combatientes islamistas, venidos de los cuatro puntos cardinales, para hacer frente a la invasión soviética de Afganistán. Esta es la historia oficial. Es también la mentira de circulación legal sobre la que nos hemos puesto de acuerdo en el llamado Occidente. La realidad es que los EEUU ya estaban armando a la tropa reclutada por un tal Osama Bin Laden, seis meses antes de que el gobierno afgano pidiera a los soviéticos que vinieran en su ayuda.

En 1998, el que fue Consejero de Seguridad Nacional de Carter, Zbigniew Brzezinski, reconoció los hechos reales en una entrevista concedida a la revista francesa Le Nouvel Observateur (1). Se mostró muy orgulloso de ello. Debilitar a la entonces Unión Soviética era mucho mas importante que las posibles consecuencias de alentar el fundamentalismo islámico. Y en este punto nada ha cambiado si ponemos Rusia donde antes figuraba la URSS. Los EEUU prepararon entonces una trampa para los soviéticos y así poderles proporcionar un Vietnam a su medida, en palabras del propio Brzezinski. De esta entrevista, sin embargo, el ciudadano estadounidense no se llegó a enterar. En la versión de la revista francesa editada para el mercado de los EEUU, esa entrevista fue suprimida (2). Internet estaba todavía en pañales y era más fácil mantener la mentira oficial. Hasta hoy y para la inmensa mayoría. En los EEUU y en Europa.

Hace unas semanas y en la Feria Internacional del Libro de Frankfurt, la editorial alemana Westend entrevistó en dos ocasiones al antropólogo francés Emmanuel Todd, autor del reciente libro “La derrota del Occidente” (3). La primera entrevista tuvo lugar en inglés, necesidad lamentada por Todd al no poderse expresar en su lengua materna. La segunda en francés. Preguntado por si su libro ya había sido traducido a otras lenguas aparte del alemán (y el español), Todd contestó que a cerca de veinte lenguas, entre ellas el ruso, pero no se había encontrado editor para una lengua. Esa lengua era la inglesa.

“La derrota del Occidente” es un libro demoledor y esclarecedor de las razones por las cuales el Occidente, es decir el conjunto de vasallos satelitales que giramos en torno al sol norteamericano, vamos a ser derrotados en nuestra guerra contra la Federación de Rusia en la guerra de Ucrania. En el crédito de Todd como augur cuenta el haber predicho en 1983 la caída de la URSS y estudiando datos objetivos de natalidad y demografía. Si la entrevista a Brzezinski hace veintiseis años no fue publicada en los EEUU, hoy la falta de editores trata, vana e infantilmente, de impedir la difusión del libro de Todd entre los lectores estadounidenses. Un sinsentido en los días de Internet y las páginas alternativas que consiguen difundir aquello que los medios oficiales, también en España, silencian.

Todd no oculta su satisfacción por la no traducción del libro al inglés. Para él , una señal clara de que se acerca al blanco con sus dardos. Y a fe que lo hace. El contenido del libro es un plato excesivamente fuerte para la intelectualidad occidental de piel excesivamente fina y voluntades canceladoras. De hecho, en Alemania, ni siquiera se han atrevido a traducir el título original del libro y en lugar de “derrota” hablan de “decadencia”, no por acordarse del libro tocayo de Oswald Spengler, sino por dorar la amarga píldora con un envoltorio menos traumático. En España no ha sido necesaria esta medida paliativa de sofocos y desmayos. Aquí la guerra parece pillarnos un poco más lejos, olvidando que somos OTAN hasta el corvejón y nuestra ministra del ramo guerrero, se desvive por ver llegado el día de enfundarse el uniforme de combate. A una distancia prudencial, se entiende.

Brzezinski y Todd, dos personajes bien distintos y peculiares que el tiempo ha venido a unir. El primero es un descendiente de la nobleza polaca huido de su Polonia natal ocupada por la URSS y que nunca ocultó su aversión profunda, no ya hacia el comunismo soviético, sino hacia el poderoso e histórico vecino ruso. Todd, que declara no militar en las filas del “antiamericanismo profesional”, que expresamente rechaza, se limita a observar la realidad, sin lentes deformadoras por lo correcto y ordenado políticamente.

Brzezinski encuentra cabida en el libro de Todd al tratar del caso alemán, paciente particular dentro de la sala de afligidos europeos tentados por lo que Todd califica de suicidio asistido de Europa. Para los EEUU la pesadilla suprema tras la desaparición del muro de Berlín, era un acercamiento entre Rusia y Alemania. Desaparecida la URSS nada justificaba ni la OTAN, ni la presencia norteamericana en Europa, principalmente en suelo alemán. Es por ello que había que volver a hacer de Rusia un enemigo y para ello nada mejor que cercarla y provocarla llevando la OTAN a sus fronteras e imponiendo un gobierno hostil a Rusia en la Ucrania espiritualmente hermana suya. El guión se ha cumplido hasta la fecha, Rusia y el resto de Europa han llegado a la ruptura, siendo especialmente sangrante la brecha abierta con Alemania. Aun así, es aventurado adelantar cuál será el fin de esta trama.

La Alemania ocupada y no soberana desde 1945, hasta ha tenido que poner buena cara incluso a la voladura de su recién construido cordón umbilical energético con Rusia, el gaseoducto Nord Stream 2, voladura realizada a instancias de los EEUU aliados. Cornudos, apaleados y, hasta ahora, suficientemente contentos, los alemanes prefieren hacer oídos sordos al dedo acusador que Todd levanta en su libro. Terrorismo de pata negra, coloreado de barras y estrellas. Con ese amigable atentado , la economía alemana ha agravado su caída por el abismo, su suicidio asistido, al que ahora se enfrenta. También ha visto la ruptura del gobierno liderado por los socialistas arcoirisados y la más que posible convocatoria de nuevas elecciones a primeros del año 2025, o seguro, en el otoño del mismo año.

Elecciones, que como ya es habitual en las democracias de pandereta europeas, cambiarán algunas caras pero ninguna política. Véase Francia. Véase Holanda. Se da por segura la victoria de los llamados cristianodemócratas, ni lo uno ni lo otro, pero necesitados de formar coalición. Ya anuncian que lo harían con los verdes que así cumplirían con la economía circular de sus amores, no teniendo ni siquiera que cambiar de cartera. Ya saben, por eso de que reutilizar viene antes que el reciclar. El candidato de los futuros vencedores, Friedrich Merz, era hasta la víspera el representante del gigante financiero norteamericano BlackRock. El mayor fondo de gestión de capitales del mundo y con enormes inversiones en Ucrania. Entre las demandas de Merz, entregar más armas a Ucrania, incluyendo los misiles de largo alcance Taurus. Un paso más hacia la guerra abierta con Rusia conforme al guión escrito por los Estados Unidos y jaleado por BlackRock. Difícil saber dónde acaba uno y empieza el otro.

En 1917, los Estados Unidos entraron en la guerra europea, entre otras razones, porque los financieros estadounidenses, en cuyas manos se encontraba la deuda de guerra de Francia y Gran Bretaña, no podían permitirse el lujo de que Alemania venciera y ellos perdieran sus inversiones. Hoy, la Alemania que muy probablemente gobernará el peón de BlackRock, también se puede ver obligada a rendir pleitesía a intereses financieros extraños y hostiles subiendo otro escalón en la guerra contra Rusia.

Con respecto a los verdes, futuros cogoberantes en una coalición, el Ministro de Economía y escritor de cuentos infantiles Robert Habeck, ya nombró al frente de uno de sus departamentos ministeriales a Elga Bartsch analista señera de la misma BlackRock. No será una conspiración, pero hay que reconocer que los hay que parecen saber colocarse con no poca habilidad.

Únicamente dos partidos hoy se salen del discurso único en Alemania y denuncian la falta de soberanía real. El uno, BSW, gira en torno a una exdirigente de la izquierda que en su día fue la heredera del partido único de la Alemania Oriental. Carece de base militante y apenas si cuenta con un año de edad. El otro, la AFD, agrupa a la llamada extrema derecha, el ogro de los predicadores de la virtud y los buenos pensamientos. Es el partido más fuerte en el este de Alemania y el segundo en el conjunto nacional. En la actualidad debe hacer frente a una demanda de ilegalización. Ambos partidos coinciden en su política de poner fin a la guerra en Ucrania y abordar el grave problema de la inmigración. En poco mas habría entendimiento, pero el peligro de guerra real es un factor que pesará mucho en las elecciones y sólo un rotundo vuelco electoral en favor de estas dos opciones podría traer alguna esperanza de cambio para Alemania. Una posibilidad más que remota. Un enigma en el que todos los europeos nos jugamos mucho.

Brzezinski, en la obra que escribió en 1997 (4), señaló que para los Estados Unidos era prioritario, además de impedir el acercamiento rusoalemán, favorecer el entendimiento con Irán y no permitir que China y Rusia estrecharan lazos. En estos dos últimos objetivos el fracaso es de nota . Con respecto al deseado acercamiento al Irán, ya se vislumbra en el horizonte la enésima agresión de los EEUU, bajo inspiración sionista, precisamente contra esa República Islámica de Irán, cuyos intereses van alineándose con los de Rusia y China.

Todd considera que en el caso alemán está todavía abierta la puerta a un cambio en su autodestructiva política que acabe por dar al traste con el yugo impuesto por los norteamericanos. La recuperación de la soberanía de los pueblos europeos pasaría por este cambio radical de rumbo. Él lo saluda como francés y nosotros también deberíamos saludarlo a este lado de los Pirineos.

(1) Le Nouvel Observateur, 15-21 de enero de 1998, pág. 76

(2) “Rogue State”, William Blum, Zed Books Ltd., London 2001, pág. 274 (Notes)

(3) “La défaite de l´Occident”, Emmanuel Todd, Gallimard, 2024

(4) “The Grand Chessboard”, Zbigniew Brzezinski, Basic Books, 1997

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