Pasaporte tóxico

El pasaporte verde ha sido la medida discriminatoria más rotunda y carente de todo fundamento racional que cualquiera de nosotros ha podido conocer. Su inutilidad debiera lógicamente servir para su abandono, pero justo todo lo contrario es lo que se cocina desde el poder.

CARLOS FEUERRIEGEL

Mark Zuckerberg, el amo de Facebook, Meta para los iniciados, lo reconoce: censuraron información sobre el coronavirus que demostró ser más verdadera que la oficial que ellos divulgaron (1). Pero no hay el más mínimo propósito de enmienda. Elon Musk, el nuevo amo de Twitter, de Tesla y de no sé cuántos gusanos satelitales que nos sorprenden algún que otro amanecer, también lo afirma: Twitter fue la dócil correa de transmisión de información gubernamental que resultó ser falsa. El pobre Elon, es una ironía, ahora debe hacer frente incluso a acusaciones de antisemitismo por tanta elocuencia y sinceridad. Zuckerberg se libra de tamaña losa.

Karl Lauterbach, el Ministro de Sanidad alemán y a la vanguardia del celo de cero coronavirus, también admite que fue un error cerrar los colegios y hasta se muestra preocupado por los efectos indeseados de las vacunas que promocionó. A buenas horas.

Tales tímidos actos de contrición, no parecen impresionar ni someramente a los causantes del episodio pandémico, a la Organización Mundial de la Salud(OMS). Tanto es así, que el pasado cinco de junio, su Director General afirmó que la OMS ya trabaja en la elaboración del “Certificado Global Sanitario” y que este se basará en el tristemente conocido como Pasaporte Verde de la Unión Europea, que según el biólogo etíope al frente de la OMS “ha dado tan buenos resultados”. Y ello pese a que los pinchazos de ARNm gentileza de Pfizer, los más, o de Moderna, los menos, nunca evitaron ni contagiarse, ni contagiar a terceros, ni enfermar, ni morir. Algo que se sabía desde que los equipos de picadores salieron a la arena, pero que formó parte de las informaciones inconvenientes que no debían llegar al respetable. Los hay que todavía no se han enterado.

Pero hay personas que sí conservan activas algunas sinapsis cerebrales y en las cuales va tomando cuerpo la intuición de que la finalidad de ese pasaporte viajero en el móvil, no debía ser tanto de índole sanitaria, sino controladora y experimental, habiendo superado la prueba, a ojos de sus promotores, con notable éxito.

 Durante un largo tiempo, que se remonta hasta la Roma antigua, prevaleció el principio de que uno no debía demostrar su inocencia, sino que era el acusador el que debía demostrar los cargos. Olvídenlo. Es agua pasada. El pasaporte sanitario que se quiere implantar por la OMS y válido para los 192 países que reconocen su autoridad, sería obligatorio para poder cruzar fronteras nacionales o para entrar en determinados locales o para vaya usted a saber qué, en función de lo que la autoridad mande. En el nuevo pasaporte digital de marras, figurará de manera clara que la persona titular del mismo ha aceptado poner su cuerpo a disposición de cualquier medida que emane de las autoridades sanitarias. Incluso medidas ineficaces, como el pinchazo coronavírico, que al no ofrecer protección, sólo proporciona una falsa seguridad y los efectos secundarios posibles de la intervención. Esos efectos que no debieran existir y que se traducen en esa incómoda sobremortalidad en los países más vacunados. España entre ellos.

Trescientos veintiséis días tardaron las autoridades de la Unión Europea y de los EEUU en autorizar los tratamientos con ARNm que debían sacarnos de la pandemia. Para la próxima pandemia se han propuesto reducir este tiempo a cien días (2). La herramienta ya la tienen, se basarán en el empleo del ARN mensajero cuya hoja de servicios todavía admite más borrones. Ese mínimo plazo de cien días es el propósito de la CEPI (Coalición para la prevención de Epidemias y la Innnovación). Una entidad creada en 2017 al abrigo de la filantropía de la Fundación de Bill y Melinda Gates y del Foro Económico Mundial que cuida de nuestro futuro desde Davos.  Porque la próxima pandemia está a la vuelta de la esquina. Llegar, llegará, ya que parecen haber demasiados entusiastas de su llegada y porque ya ha sido ensayada la facilidad de su declaración, con los test PCR de vuelta y vuelta, poco hechos, y con las vacunas salvadoras para salir de ella, al paso que se arruina un poco más a los sectores productivos, se impulsa la digitalización, se desborda la hipocondría y se ceba la espiral de la deuda pública y privada.

El pasaporte verde ha sido la medida discriminatoria más rotunda y carente de todo fundamento racional que cualquiera de nosotros ha podido conocer. Su inutilidad debiera lógicamente servir para su abandono, pero justo todo lo contrario es lo que se cocina desde el poder. No es un problema de estupidez ni en la OMS ni en la Unión Europea, que ofrece el mayor apoyo a esta propuesta ahora global. Como no fue un problema de avaricia la causante de la última crisis de las hipotecas basura. El pasaporte digital sanitario es otra manifestación clara, abierta y elocuente del carácter patológico del complejo financiero, de la pesadilla digital y del temor a reclamar la soberanía sobre nuestras propias vidas y también sobre nuestros cuerpos. Es una medida que sólo podrá implantarse mientras nosotros no rechacemos ese tutelaje patológico. Los indigentes espirituales de la OMS y de Davos quieren su pasaporte digital en nuestros bolsillos y está en nuestros corazones el no aceptarlo.

(1) https://twitter.com/KanekoaTheGreat/status/1667011470406860803?ref_src=twsrc%5Etfw%7Ctwcamp%5Etweetembed%7Ctwterm%5E1667011470406860803%7Ctwgr%5E5ffa5376e3f151ef6492220f8f02d1ece03d85cd%7Ctwcon%5Es1_&ref_url=https%3A%2F%2Ftkp.at%2F2023%2F06%2F10%2Fzuckerberg-gibt-zu-zensierte-covid-infos-waren-wahr%2F

(2) https://blog.bastian-barucker.de/cepi-100-tage-mission/

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