CARLOS FEUERRIEGEL
El 15 de mayo de 1948, David Ben Gurion, bajo la enmarcada y distante mirada de Theodor Herzl, declaraba la independencia del Estado de Israel. Nacía el “Estado judío”, pero no el “Estado de los judíos” que era el título de la obra escrita por Herzl en 1896 y considerada como el principal impulso al sionismo político. La diferencia entre ambos términos no es anecdótica. Herzl, que murió en 1904, proyectó en sus escritos un Estado de los judíos que en nada se diferenciara de cualquiera de los Estados europeos en los que él vivió y que determinaron en gran medida su pensamiento. Ese Estado por él pensado, nunca llegaría a existir.
El Estado judío ni por un momento fue un Estado como los demás, tampoco lo pretendió. Ya antes de su fundación el terror fue su herramienta fundamental para expulsar de sus tierras a la población palestina. Cuando el 29 de noviembre de 1947 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprueban la partición de Palestina, sin consulta alguna a los palestinos, los judíos apenas representaban el 32% de la población total, pese a lo cual se les asignó un 55% de las tierras. Añadamos a la imposición de este trágala, que en 1947, los judíos habían adquirido la propiedad sólo del 5,8% de las tierras (1). No obstante todos estos favoritismos en pro de los colonos judíos, la población palestina en la parte destinada a los judíos seguía representando el 50% del total. Una situación incómoda para la viabilidad de un naciente “Estado judío”.
Antes y después de la creación del Estado de Israel, la violencia se apoderó de esas tierras. También con víctimas españolas. Así en diciembre de 1947 fallece el religioso español Luis Orio Moreno, al ser disparado intencionadamente y mientras se encontraba en la terraza de su convento desde una casa judía situada enfrente. El testimonio procede del que era cónsul español adjunto en Jerusalén, Manuel Allendesalazar . Veinte días después de este atentado, el mismo cónsul moría al volar terroristas de la Haganah, antecesor del ejército de Israel, el hotel Semiramis en el que este se hospedada (2) .
Cuatro meses después de la declaración de independencia del Estado sionista, el mediador de las Naciones Unidas en Palestina, Conde Folke Bernadotte, sobrino del Rey de Suecia, y ante el problema de la masa de refugiados expulsados de sus tierras, declaraba:
“Ninguna solución puede ser equitativa y completa si ella no reconoce el derecho de los refugiados árabes a volver a sus territorios, de los cuales han sido expulsados”(3)
Al día siguiente de realizar esta declaración, terroristas judíos le asesinaron. Entre ellos, un amigo íntimo de David Ben Gurion, el primer ministro del Estado judío en aquel momento. El grupo que llevó a cabo el asesinato actuaba bajo las órdenes de Yitzhak Shamir. Shamir sería posteriormente elegido primer ministro de la entidad sionista. Todos los terroristas serían amnistiados al año siguiente de cometer el crimen. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas pidió al gobierno israelí que investigara el asesinato y enviara sus conclusiones. Sin resultado alguno (4).
Cuando en 1949, el Estado judío solicita su ingreso en las Naciones Unidas, se le pone como condición que debía dar cumplimiento a la Resolución 194 del 11 de diciembre de 1948 que permitiría el regreso a sus tierras de todos los refugiados palestinos previamente expulsados de las mismas. Israel fue admitida pese a incumplir esa Resolución. La incumple hasta el día de hoy y agravando la situación durante décadas con la creación de nuevos refugiados. El padrinazgo protector de los EEUU de Truman y la Unión Soviética de Stalin, lo hicieron posible. El primero actuando bajo la presión de los intereses judíos en los Estados Unidos y pese a la oposición de su propia administración. El segundo porque se prometía contar con un aliado contra el imperio colonial de la Gran Bretaña y dado que la mayor parte de los colonos sionistas procedían de la URSS y eran simpatizantes del socialismo marxista. Este patronazgo inicial le dio patente de corso al nuevo Estado judío, una situación excepcional de la que no goza ningún otro Estado. También hasta el día de hoy.
Como excepcional es que dos terroristas lleguen a ocupar el puesto de primer ministro de un país. Junto al ya citado Yitzhak Shamir, añadamos a Menachem Begin, responsable en 1946 de la voladura del hotel King David en Jerusalén. 91 muertos y 45 heridos, entre los muertos hubo 17 judíos. Los británicos ofrecieron 2000 libras esterlinas por la captura de Begin. Unos años más tarde la graciosa reina de Inglaterra se sentiría honrada con la compañía del muy honorable Mr. Begin. La cabeza de Begin pasó de tener precio a ser inapreciable.
Tanta excepcionalidad en las andanzas del Estado judío llevaron al conocido lingüista norteamericano Noam Chomsky, él mismo judío, a preguntarse, cómo era posible que el gobierno judío glorificara la memoria de terroristas sionistas con la impresión de una serie de sellos conmemorativos que incluían, entre otras personalidades a Shlomo Ben-Josef, colgado por los británicos por ametrallar un autobús árabe o a los mismos asesinos, en 1944, de Lord Moyne, Ministro de Gran Bretaña para el Oriente Medio (5). Sin duda un lujo para los filatélicos del mundo el hacerse con esta colección.
Los atentados realizados por terroristas sionistas, como en el caso del hotel King David, no sólo no evitaban las víctimas judías, en ocasiones estas se buscaban deliberadamente. Así en la segunda mitad de noviembre de 1940. Con la finalidad de denunciar la política de imposición de trabas por parte de Gran Bretaña a la llegada de inmigrantes judíos a Palestina y conmover a la opinión pública mundial, corresponde nuevamente a la Haganah colocar una bomba en el buque Patria, en el que se hacinaban 1.783 inmigrantes judíos. El hundimiento del buque dejó 257 personas ahogadas. Las autoridades judías achacaron el hundimiento a la desesperación de los inmigrantes retenidos, tratando de esconder su responsabilidad (6). La máxima autoridad de la colonia judía la ostentaba entonces David Ben Gurion.
Pero si hay un arte mortal en la que se ha destacado el Estado de Israel es la de realizar atentados y atribuírselos a sus enemigos. Valgan dos ejemplos como muestra. En primer lugar, la campaña de bombas y violencias contra las comunidades judías en países árabes con la finalidad de forzar la salida de estas comunidades hacia la entidad sionista necesitada de colonos que contrarrestaran la todavía numerosa presencia palestina. Documentada está la que tuvo lugar en Irak en los años 1950 y 1951 (7). Una campaña de atentados contra locales y sinagogas judías nutrió el flujo de emigrantes judeoiraquíes hacia Israel. La campaña fue orquestada por el Mossad, los servicios secretos israelíes. De la misma se acusó a radicales musulmanes. El engaño no tardó mucho en aclararse. Hoy todavía puede presumirse la larga mano del Mossad detrás de aparentes actos mal llamados “antisemitas”.
El segundo ejemplo, sí no es mayor por la hipocresía que expone, sí por las consecuencias que pudo haber alcanzado. Tuvo lugar en 1967 frente a las costas egipcias y en plena guerra de agresión de Israel, Francia y Gran Bretaña contra el Egipto de Násser.
La NSA (Agencia Nacional de Seguridad) de los Estados Unidos había desplazado a la zona su barco USS Liberty con sistemas de espionaje para captar las comunicaciones de los ejércitos enfrentados. En el barco ondeaba la bandera norteamericana, y la nacionalidad del buque no ofrecía duda alguna. La visibilidad era perfecta. Estados Unidos, si bien no directamente beligerante, era considerado como “un aliado” por Israel. El ocho de junio de 1967, el barco norteamericano fue sobrevolado por aviones de reconocimiento identificados como israelíes. Al poco tiempo, el barco fue atacado durante horas, y en primer lugar, por aviones israelíes que carecían de identificación. Posteriormente se sumaron lanchas de guerra. En la agresión murieron 34 marinos estadounidenses y 172 resultaron heridos.
El USS Liberty pudo lanzar un mensaje de socorro a la flota de los EEUU en el mediterráneo. Fue recibida por el USS Saratoga, que envió 4 cazas para ayudar al barco atacado y por el portaviones USS America que hizo despegar otros cuatro aviones, pero que en esta ocasión estaban cargados con bombas atómicas. El objetivo de estos cuatro últimos aviones era atacar a… ¡el Cairo!. De alguna manera los servicios de inteligencia israelíes habían conseguido engañar a los norteamericanos haciéndoles creer que Egipto era la responsable del ataque y dando por seguro que el barco USS Liberty se hundiría y no podría emitir señal alguna.
El USS Liberty no se hundió, los aviones ya en camino fueron devueltos a su base y todo el incidente fue ocultado. La tripulación fue obligada a obedecer la orden de mantener silencio sobre lo ocurrido durante 35 años. Israel estuvo a unos minutos de forzar el ataque de los EEUU contra Egipto y con armas nucleares. El gobierno de los EEUU silenció todo lo ocurrido e Israel dijo que se había confundido, que el ataque había sido un error (8). En 2002, pasados los 35 años de silencio forzado, lo supervivientes demandaron una investigación oficial al Congreso de los EEUU. Sin resultado alguno. El expediente sigue bajo secreto de Estado.
No, el Estado de Israel no es un Estado como otro cualquiera. Sus obras conocidas le delatan y, probablemente, sean superadas por las que desconocemos. Hoy, en Gaza, actúa como lo viene haciendo desde su fundación. Nada nuevo. Los palestinos siguen sufriendo y nosotros callando.
En mayo del 2010, el diario “The New Yorker” entrevistó al multimillonario israelo-americano Haim Saban (9), propietario de un imperio de medios de comunicación. ¿Cómo podía explicarse el enorme peso de los grupos de presión judíos en Norteamérica o Gran Bretaña? La respuesta es sencilla:
“Hay tres caminos para ser influyente en la política de los Estados Unidos: haciendo donaciones a los partidos políticos, dando vida a centros que crean opinión y controlando los medios de comunicación”
Haim Saban sabe de lo que habla. A tus pantallas sólo llega lo que a personajes como Saban interesa, pero a ti nadie te impide buscar la verdad.
(1) Wolfgang Freisleben, “Das Tor zur Hölle”, Wien, Ibera Verlag, 2005, pág. 141
(2) José Antonio Lisbona, “España-Israel. Historia de unas relaciones secretas” Ed. Temas de Hoy, 2002, pág 31
(3)Naciones Unidas, Doc. A/468, pág. 14
(4)Francisco Medina, “El infierno de Tierra Santa”, Ed. Espasa Calpe, 2002, pág. 71
(5)Noam Chomsky, “Offene Wunde Nahost”, Europa Verlag, Hamburg, 2002
(6)Shabtai Teveth, “Ben Gurion”, Robert Hale Limited, London, 1987, pág 775
(7)Naeim Giladi, “Ben Gurion Scandals”, Dandelion Books
(8)Anthony Pearson, “Conspiracy of silence”, Quartet Books Limited, London,1978
(9)Connie Bruck, “The Influencer”, The New Yorker, 10/05/2010 , citado por Gilad Atzmon en “The Wandering Who?”, Zero Books, 2011, UK, pg 169