Netanyahu, el pediatra

CARLOS FEUERRIEGEL

Hasta el pasado siglo, la muerte en los primeros meses de vida era una visitante nada extraña de la que pocas familias llegaban a librarse, pero había paliativos para el dolor. En nuestro mundo cristiano, el principal de ellos era el bautismo. Con él, la vida eterna de las almas arrebatadas en sus comienzos quedaba garantizada. Morir sin haber recibido las aguas del bautismo era el mayor de los males. Pero este mal parece conocer todavía mayores grados para la atormentada población palestina de Gaza: morir sin haber sido debidamente vacunado.

Netanyahu, pese a adueñarse y beberse las palestinas aguas bautismales del río Jordán, no cree en el bautismo. Netanyahu cree en su propio rito, la circuncisión, santo y seña de su pertenencia al pueblo elegido.  También es un devoto de la ciencia médica y por ello hizo del Estado que gobierna campo de experimentación de la farmacéutica Pfizer y su pócima coronavírica. Es por eso que igualmente pondrá los medios para que, a partir de ahora, ningún niño en Gaza sea pulverizado por las bombas de sus tropas de ocupación sin haber sido previamente vacunado. Contra la poliomelitis y en una campaña que se desarrolla estos días en la martirizada franja. Todo un ejemplo de humanidad que su propaganda, nuestros medios, no cesan de resaltar.

La franja de Gaza llevaba 25 años libre de brote alguno del denominado virus salvaje de la polio. El genocidio en curso, precisemos que sólo presumible según la Corte Penal Internacional, ha conseguido que la desarrollada pituitaria de la Organización Mundial de la Salud, detecte el virus en las aguas residuales de lo que queda de esa inmensa cárcel a cielo abierto. No habrán tenido que buscar mucho porque aguas residuales allí ya lo son todas, depuradas ninguna. Junto al virus en las aguas, varios casos de parálisis en extremidades en niños. Y miles de ellos con extremidades amputadas, más múltiples miles de niños asesinados con determinación herodiana por este extraño caso de vocación pediátrica tardía de Netanyahu. Asesinados y sin vacuna previa. Algo inadmisible para la Organización Mundial de la Salud de las Naciones Unidas. Hay que ponerle remedio. No, a los asesinatos no, a la falta de vacuna.

Esta misma mañana escuché en la radio pública, que la vacuna llegará a unos 640.000 niños en la franja y que es una vacuna como la que se administra en España. Demos un barniz de normalidad a la pura anormalidad, al crimen que preferimos no ver. Pero la noticia no es cierta. En España, como en el resto de la Unión Europea, o los Estados Unidos de Norteamérica se inyecta un virus inactivado de la polio. En Palestina, se administrará una vacuna oral y con un virus atenuado. Es decir, un virus susceptible de mutar en el organismo, que es expulsado con las heces y puede convertirse en origen de nuevos casos de la enfermedad que se pretende combatir. En unas condiciones como las de Gaza, sin saneamiento alguno, con hacinamiento y extrema debilidad física del conjunto de la población, no parece ser la mejor forma de proceder.

Las autoridades de la Organización Mundial de la Salud, de la UNICEF y del ejército del Estado de Israel, que promueven y hacen posible esta campaña, no ignoran que ese tipo de actuación ya condujo a la reaparición de brotes de polio derivadas de la vacunación en Siria (2013), Filipinas (2018), Chad y Sudán (2020). Del mismo modo la polio reapareció en Pakistán, Afganistán e Irán, después de campañas de vacunación de la misma OMS. En el caso del Chad y de Sudán, la polio derivada de la vacunación apareció justo una semana después, en septiembre del 2020, de que la misma OMS declarara el continente africano como “libre del virus de la polio salvaje”.

Cierto es que, en esta campaña ahora en Palestina, la OMS está utilizando un nuevo virus atenuado (neoOPV2), modificación del que se empleó en las campañas anteriores que reintrodujeron la polio (monovalenteOPV2). Este nuevo tipo de virus atenuado ha sido desarrollado precisamente para dificultar las posibles mutaciones y que “se pueda ayudar a reducir la poliomelitis paralítica asociada con la vacuna” (1). Todo ello se afirma en el estudio publicado por la revista “The Lancet” en marzo de este año. Ciencia en estado puro, ciencia a la que hay que seguir con fe y sin albergar la menor duda. También ciencia con mochila.

El estudio aparecido en “The Lancet” y que bendice la nueva vacuna ha sido financiado por la Fundación de Bill y Melinda Gates. Casualmente se trata de la fundación que aportó financiación a las anteriores campañas de vacunación en las que se produjeron los rebrotes derivados de la administración oral. ¿Cabe que un nuevo tipo de vacuna y el estudio de la seguridad de la misma, llegue a un resultado contrario al buscado por el mecenas que lo ha hecho posible? No, no cabe. Un resultado contrario no llegaría a ser publicado. De ahí que la mochila de la sospecha no pueda hacerse desaparecer. Lo que no impide que esta diferencia en el tipo de vacuna permanezca oculta a los ojos de los sagaces periodistas de nuestros medios, públicos y privados. Cambiaron los cristales de sus gafas por tablones de madera. Con ellas nos informan sobre la realidad en Palestina.

Aunque parezca imposible, los filántropos que se desvelan por la salud del mundo son cada vez más ricos, conforme más donaciones realizan. El misterio no es tal. Con una mano promueven campañas de medicación masivas, influyendo en organizaciones como la OMS dependiente de sus aportaciones, y por la otra invierten en las compañías que venderán esos medicamentos. Que en el caso de las vacunas no se suministran a una población enferma, sino a una sana. Para llegar a un mercado mucho más amplio. El negocio es redondo y la propia OMS lo incentiva prometiendo una rentabilidad del 3500% a estas filantrópicas donaciones para sus campañas (2). Es decir, por cada dólar invertido, se recuperan 35. Lo mismo que en una cuenta corriente al uso. Más o menos.

Que la vocación pediátrica de Netanyahu despida un cierto tufo, debiera ser fácilmente comprensible, y si en los informativos esto no se ve, por las gafas, bien que podría olerse. El que el sanador que una y otra vez ha rechazado mínimas pausas en los bombardeos, el que ha mandado asesinar al negociador jefe de la resistencia palestina, Ismail Haniyeh, ahora se muestre compasivo ofreciendo la pausa de unas horas para vacunar a la población infantil de Gaza, no puede anunciar nada bueno. Nada bueno para los palestinos, a los que él y su gobierno consideran representantes de las tinieblas, del pérfido Amalek al que sólo cabe exterminar. Como en los buenos tiempos bíblicos. Harían bien ustedes en desconfiar de su disfraz con bata blanca. En la matanza que él ordena en la Palestina ocupada no hay lugar para el carnaval.

(1)   “The Lancet” 23/03/24

(2)    OMS. “A healthy return. Investment case for a sustainable financed WHO. (2022), capítulo 4,         página 17

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