Abre los ojos

CARLOS FEUERRIEGEL

El gobierno de los Estados Unidos defiende un orden basado en el cumplimiento de las leyes, nacionales e internacionales. Aquellos Estados que se niegan a hacerlo bullen todos en las calderas infernales del eje del mal. La caldera amenaza con desbordarse, los candidatos a la inmersión forman larga cola junto al fuego, pero hay una entidad que no corre riesgo de escaldarse en tan mala compañía: el llamado Estado de Israel.

En 1976, se aprobó en los EEUU una ley para el control de la exportación de sus armas. Forma parte de ella una disposición conocida como enmienda Symington que establece que la ley impedirá la ayuda exterior a países que posean armas nucleares y no hayan firmado el Tratado de No Proliferación Nuclear. El Estado judío posee armas nucleares y no figura entre los firmantes de ese tratado. Probablemente posea el tercer arsenal nuclear del mundo, detrás de Rusia y los EEUU. No hace muchos meses uno de sus ministros solicitó públicamente que se lanzara una de estas bombas sobre Gaza, para acabar rápida y de una vez, con los palestinos que tanto les está costando masacrar a plazos. Los medios de comunicación ya se encargarían de vendernos lo quirúrgico, higiénico y humano de tal medida. Hiroshima y Nagasaki sentaron precedente.

Los EEUU no quieren saber que sus amigos de la tierra prometida disponen de esas bombas. Y como no quieren saberlo, la ley no se aplica. Así de fácil.

La ley anterior de 1976 posteriormente pasó a formar parte de otra ley con nuevo nombre: “Ley de asistencia al Extranjero”. De esta ley se ha hablado algo, poco, estos meses en los EEUU y con motivo del exterminio a fuego lento de los palestinos. La culpa de ese murmullo apenas audible han sido sendos informes elaborados por dos organismos oficiales del gobierno norteamericano y que fueron dados a conocer el pasado 26 de abril.

Un informe fue redactado por la Agencia Norteamericana de Ayuda al Desarrollo (USAID) y el otro por la Oficina para las Poblaciones, Refugiados y Migraciones del Departamento de Estado (1). En ambos se documenta ampliamente cómo el ejército del Estado judío, que dice ser el más moral del mundo, está impidiendo o dificultando la llegada de ayuda humanitaria norteamericana a la asediada población de Gaza. Asesinato de cooperantes, destrucción de hospitales, devolución de camiones portadores de alimentos y medicinas como el caso concreto de un cargamento de harina almacenado a apenas 30 km de Gaza, suficiente para alimentar a un millón y medio de palestinos y cuyo reparto se impidió.

Ambas entidades oficiales piden a su gobierno que aplique esa Ley de Asistencia al Extranjero que prohíbe que los EEUU envíen armas a países que impiden distribuir ayuda humanitaria procedente de esos mismos EEUU. Evidentemente el Ministro de Exteriores norteamericano era conocedor de ambos informes, uno procedente de su propio departamento. No cabía otro remedio que tomar medidas. Las tomó.

El diez de mayo, unas dos semanas después de conocidos los informes, el ministro Blinken, que rechaza toda discriminación racial, pero que acudió a abrazar a Netanjahu después del siete de octubre de 2023, “en su calidad de judío”, compareció ante el Congreso de los EEUU. Su testimonio fue claro. Ellos “no tienen constancia de esos impedimentos (por parte de Israel) a la distribución de ayuda procedente de su país”. Digan lo que digan sus funcionarios. Él tampoco quiere saber.

Tres mil ochocientos millones de dólares es la ayuda militar que cada año, sin matanzas fuera de guión como la actual, los EEUU entregan a sus amigos de Israel. Desde hace un año, unas cincuenta mil toneladas de armas Made in USA han pulverizado Gaza. De eso sí tiene constancia Blinken.

Los EEUU siguen queriendo imponer al mundo sus buenas reglas y mejores leyes. Saben leerlas del derecho y del revés, según convenga, de derecha a izquierda o de izquierda a derecha, porque lo que importa no es el contenido de esas leyes sino la exigencia de que en ningún caso puedan perjudicar a la cola israelí que mueve al perro estadounidense. A la vista de todo el mundo y sin que se les tuerza el gesto. Basta con abrir los ojos y percibir la farsa, el cultivo de tanta hipocresía, el crimen en que nuestras alianzas nos implican. Abrir los ojos para separarnos de la cola y del perro.

(1)propublica.org/article/gaza-palestine-israel-blocked-humanitarian-aid-blinken

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