¡Que les den!

Carlos Feuerriegel

Aquel, ¡que se joda la Unión Europea!, pronunciado por la ya dimitida Victoria Nuland, responsable de la política estadounidense en Ucrania en 2014, fue noticia fugaz en la prensa europea. Los panecillos y los dólares repartidos por Victoria acunaron el golpe de Estado del Maidan y la Unión Europea volvió al redil de la sumisión. La indiscreción requirió de escuchas malintencionadas, ¡los rusos!, que hoy están de sobra para adivinar las cariñosas palabras que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, habrá dedicado a los agricultores europeos el pasado seis de diciembre y después de firmar el acuerdo con los países que constituyen el Mercosur. Habrán sido de similar tenor a las que en su día dedicó Victoria a la institución que preside Ursula. Las amistades peligrosas traen estos parentescos.

Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay son los países integrados en Mercosur. De ratificarse el acuerdo firmado hace unos días, la eliminación de los aranceles a la importación de sus productos agrarios, por parte de la Unión Europea, será cosa hecha al cabo de un corto periodo de transición.

La nefasta religión del libre mercado habrá dado un pasito adelante que será otro paso atrás para los agricultores europeos. La fiesta del comerciante ahondando la quiebra del productor.

Las grandes potencias económicas, Gran Bretaña en su día, los Estados Unidos en su despegue tras la guerra de secesión, Alemania en su parto como Estado unificado en 1871, o Japón desde el fin de la segunda guerra mundial, fundaron su poder en una estricta política de protección de su economía nacional. Aquello es agua pasada y hoy prima la desaparición de las fronteras entre áreas geográficas con muy diferentes condiciones de producción. Las consecuencias en Europa están a la vista: destrucción de tejidos industriales, agonía del sector agrario, erosión de los salarios, desigualdad desbocada y una disminución en todos nuestros países de la capacidad de compra como consecuencia de todo ello.

Cierto que donde muchos pierden, unos pocos hacen su agosto. Los especuladores del comercio internacional que sabrán vender lo mas caro posible aquello que compraron a precio de saldo. Sus intereses está bien representados, la misma presidenta Ursula se encarga de ello al declarar:

“Este acuerdo no es solo una oportunidad económica, es una necesidad política” (1)

Y sin que sirva de precedente, aquí Ursula dice la verdad. La necesidad política es el mandato del patrón norteamericano de hacer lo imposible para apartar de toda asociación económica alternativa a los países que pueden llegar a coquetear con la idea de hacerle un feo al mundo de valores occidental, en un estado ya más que ruinoso.

En Mercosur debieran saberlo mucho mejor. No en vano, tres de los países que lo integran, Argentina, Paraguay y Uruguay formaron parte del Virreinato del Perú y con ello del Reino de España. En aquel Virreinato se dieron simultáneamente dos zonas aduaneras, una con libre mercado, en el área de Buenos Aires y otra con protección frente a las importaciones en el interior de la actual Argentina. La primera “vivió casi en la indigencia” (2). La segunda prosperó. Los beneficiados por la miseria de la primera fueron los contrabandistas de entonces, principalmente ingleses. Nada diferente se avecina para los mismos pueblos de salir adelante el tratado. Solo que hoy los contrabandistas son los especuladores con los precios y las monedas.

Proteger a los nuevos contrabandistas es la tarea encomendada a doña Ursula. En las alturas saben mejor que nadie lo que realmente beneficia a la agricultura europea. A la gente del campo le produce náuseas el jarabe que le han recetado, pero todo es por su bien, por una competitividad al alza y la mejora de su “resiliencia”, la nueva muletilla de la tecnocracia y los políticos puestos al día.

Más duro es contemplar que en la calle, el pueblo desvinculado de la realidad agraria recele de que los agricultores se ponen la venda antes que la herida. Que no hay para tanto. Que exageran esos privilegiados que después de siglos mirando temerosos al cielo, ahora prosiguen su caminar con la barba sobre el hombro obstinados en rechazar la lanceta sangradora de los doctores devotos del libre comercio.

Un vistazo al paisaje canta otras verdades del libre comercio. Por ejemplo con los cítricos. Quien haya viajado a Valencia puede comprobar como el cultivo del caqui ha ido suplantando al de la naranja apenas se deja atrás el cauce del Júcar. Desde el cambio de siglo, alrededor de un 13% es la disminución de la superficie dedicada a los cítricos en Valencia. El caqui vino a reemplazarlo pero tuvo que enfrentarse a otra decisión de la amiga Ursula, nuevamente seducida por las invitaciones de los Estados Unidos. La imposición de sanciones a Rusia trajo el cierre del mercado ruso para el caqui valenciano. Ni caquis, ni naranjas. La broma sube a unos mil cien millones de euros dejados de ingresar (3).

La jugada no fue buena, pero se puede empeorar. Brasil es el mayor productor de zumo de naranja del mundo. El mercado del zumo sirve para dar salida a partidas de naranja con difícil venta para su consumo en fresco y con un efecto estabilizador de los precios. Está por ver el resultado del acuerdo en los cítricos, ya sometidos a precios a la baja e importaciones durante todo el año (4).

Barramos para casa y reconozcamos que el acuerdo también se dejará notar en este Valle. Una comarca con tradición apícola. Argentina es la segunda procedencia de la miel importada en España. El acuerdo de doña Ursula elevará las actuales 30.000 toneladas de miel que ahora importa la Unión Europea de Mercosur, a 45.000. Un 50%. Con la guinda de la desaparición, en cinco años, del actual arancel del 17,3%. Más miel y más barata en los puertos. Mayor beneficio para el envasador y otra vuelta de tuerca al apicultor. ¡Que les den! Que dirá la buena de Ursula.

Y el bueno de Sánchez, el Presidente del Gobierno, que habla maravillas del acuerdo. Al fin y al cabo pertenece a la nueva feligresía de izquierda multicolor que saliva apenas oye hablar del libre mercado. Como su hermano de Cofradía Feijoo. El acuerdo debe pasar por el Parlamento Europeo y en él está asentado que socialistas, todavía llamados así, y populares, voten en buena sintonía. La misma que con sus votos aupó a la popular y cristianodemócrata Ursula, a una nueva presidencia.

“¡Que les den! A todos aquellos que crean riqueza con sus manos”,

parecen repetirnos desde las alturas de la Comisión Europea, al tiempo que nos dan una clase magistral del saqueo sostenible. Con los quinientos mil euros al año de doña Ursula o los mil quinientos euros por día laboral de los Comisarios. Libres de toda competencia. Aquí, el libre mercado ya no toca.

(1) “El País”, 08/12/2024

(2) “Madre Patria”, Marcelo Gullo Omodeo, Ed. Planeta 2021, págs 202-204

(3) “Levante EMV” 11/08/2022

(4) eleconomista.es/mercado-cotización/noticias/13095925/11/24/el-zumo-de-naranja-sufre-una-perfecta…

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