Cinco ojos

Todo lo que circula por la red está sometido a vigilancia.

CARLOS FEUERRIEGEL

Ulises, que la tradición presentó como el campeón de la astucia, pasó las de Caín para escapar al control de un gigante que sólo tenía un ojo. Se puso por nombre Nadie y consiguió zafarse de la vigilancia mortal. Nadie, sin embargo, está libre de la vigilancia del nuevo Polifemo de cinco ojos que planta sus reales y sus ojos, no ya en una frente, sino en cinco países de tres continentes: EEUU, Canadá, Gran Bretaña, Nueva Zelanda y Australia.

Edward Snowden es el nuevo Don Quijote andante y solitario que, pagando el precio del exilio de su tierra, desmenuzó detalladamente el sistema de vigilancia global de todas las comunicaciones que circulan por el mundo digital y cuyo contenido es guardado por los siglos de los siglos por los servicios de información de esos cinco países, tan amigos y aliados del nuestro. Guardados hasta que puedan ser utilizados, a conveniencia, para acabar con cualquier voz disidente de sus intereses.  Aquellas personas que son legión y consideran que esto a ellas no les afecta, “porque nada tienen que ocultar” mejor harían en pensárselo dos veces antes de manifestar su indiferencia o incredulidad ante este conocimiento de prácticamente todas sus andanzas vitales por parte de esos cinco ojos en estado de vigilia permanente. Tampoco perderían su tiempo si se atrevieran con la lectura del libro de Snowden, “Vigilancia permanente” (1).

Snowden no era un antisistema. Creyó con la fe del carbonero en la versión oficial del 11 de septiembre de 2001 que conmocionó a su país, los EEUU. Tanto creyó que consideró su deber patriótico alistarse en el ejército para mejor poder servirle en las guerras contra el terror que desde el primer instante se anunciaban en el horizonte. Se alistó y cantó con aire marcial durante su instrucción:

                          Yo fui al desierto

                          donde están los terroristas

                           saqué mi machete

                           saqué mi fusil.

                           izquierda, derecha, izquierda, derecha ¡mata, mata, mata!

                           ¡Enfréntate con nosotros y sabrás que lo haremos!

                           Yo fui a las cuevas

                           donde se esconden los terroristas

                           saqué una granada

                           y la tiré a su interior.

                           Izquierda, derecha, izquierda, derecha- ¡mata, mata, mata!

                           ¡Enfréntate con nosotros y sabrás que lo haremos!

Snowden no tuvo que sacar el machete, ni tirar la granada, otros lo hicieron por él, generosamente y sin necesidad de recurrir a tribunales ni legalismos humanitarios. Snowden sufrió una lesión y tuvo que abandonar el ejército. Pero no la vocación de servicio a su país. A falta de fusil y granadas, bien podría hacer valer su entusiasmo por los ordenadores, su pasión desde niño.  Una infancia que discurrió en una familia de clase media norteamericana donde tanto el padre como la madre eran funcionarios del Estado, ella en el Ministerio de Defensa, él en el servicio de guardacostas. Snowden no fue criado en un ambiente de disidencia, créanme y créanle a él.

Nuestro Quijote pasó por la CIA (Agencia Central de Inteligencia) y por la NSA (Agencia Nacional de Seguridad), tanto como funcionario como contratado por varias de las empresas privadas que medran a la sombra de los contratos con los servicios de información del Estado. A Snowden no le gustó lo que vio, ni lo que ayudó a diseñar. Educado en un reverencial respeto a la Constitución de los EEUU y a sus enmiendas añadidas, comprobó como su gobierno, demócrata o republicano, Bush u Obama, espiaban sistemáticamente todos los datos que entran en la red digital, tanto de ciudadanos norteamericanos como de extranjeros y en el exterior. Los datos recogidos se almacenan y pueden ser utilizados en caso necesario. Snowden recogió las pruebas, las pasó a tres periodistas después de huir a Hong-Kong y fueron dadas a conocer.  Evidentemente su gobierno lo negó todo, y le anuló su pasaporte cuando Snowden volaba de Hong-Kong a Ecuador, donde el gobierno de Correa le había ofrecido asilo, como a Julian Assange de Wiki-Leaks, Snowden quedó atrapado en el aeropuerto de Moscú en su primera escala del vuelo hacia Ecuador y allí sigue, en Rusia, diez años después y tras haber obtenido el derecho de asilo en ese país.

Por revelar cómo su país y sus cuatro aliados, los cinco ojos, se saltan las leyes y se burlan de sus ciudadanos, Snowden no podrá volver a los EEUU y su vida es y será un difícil deambular sobre el alambre. Snowden fue fiel a su conciencia y en modo alguno se considera un traidor a su patria. Es el Estado norteamericano el que no es fiel a los fundamentos de su Constitución, pero esto no le valdría frente a un tribunal de su país. La farsa de la división de poderes ya no se le puede ocultar a este caballero andante del siglo XXI. Otros no han dudado en afirmar lo mismo que Snowden y han tenido mejor suerte, por ejemplo, Ira “Gus” Hunt, el máximo responsable técnico de la CIA.  Snowden fue testigo directo de esas afirmaciones, como miles de personas, dado que se emitieron en directo por Internet.

La revelación tuvo lugar en marzo de 2013 en Nueva York durante una Conferencia abierta al público, previo pago de 40 dólares. El encuentro llevaba por nombre GigaOM Structure:Data Conference.  “Gus” Hunt sería uno de los ponentes y Snowden, que le había conocido personalmente al trabajar para la CIA, no quería perderse su conferencia dado que poco antes la CIA había firmado un nuevo contrato por 600 millones de dólares y diez años de duración para albergar los datos que recoge en la “nube”. La oferta de la empresa para la que Snowden había trabajado previamente (Dell) fue desestimada y en su lugar se eligió a Amazon. Quizás “Gus” Hunt pudiera dar alguna razón que justificara esta decisión. Pero lo que Snowden escuchó tuvo un contenido muy diferente e imprevisible:

“En la CIA nos esforzamos básicamente en recogerlo todo y archivarlo de forma indefinida”

Y concretando un poco más:

“Está casi a nuestro alcance, acceder a TODAS las informaciones que generan las personas”, procediendo el subrayado del propio “Gus” Hunt.

Así, el Estado podría escuchar a través de los teléfonos aun cuando estos estuvieran apagados y, por supuesto podían recoger todas las conversaciones telefónicas. En realidad, la tecnología avanzaba tan rápidamente que toda persona debiera plantearse cuáles eran sus derechos y a quién pertenecían realmente sus datos. Sólo un periódico, (2) The Huffington Post, se hizo eco de estas declaraciones.

Snowden, por aportar pruebas y demostrar la forma en que los cinco ojos nos espían cuando y como quieren, sería condenado a cadena perpetua en su país, caso de poder ser detenido. Al mismo tiempo, un alto representante del Estado manifiesta públicamente lo que su Estado hace, contra sus propias leyes, y el hecho pasa desapercibido. No, no puede hablarse de conspiración. Todo se hace dándolo a conocer para quien quiera prestar oídos. Tanta prepotencia no dice mucho de nosotros, el objeto de la atención de esos cinco ojos. Todo lo que circula por la red puede ser archivado y utilizado a conveniencia por los Estados desde hace al menos una década.  Añadan a esto que nuestros datos también pueden formar parte de una subasta de mercado al mejor postor, caso de llegar a extenderse  ese anunciado Internet “de las cosas” o las “ciudades inteligentes”  tan del gusto del poder real.

  Dicen que la ignorancia de la ley no es óbice para su cumplimiento, pero está en nuestra mano no ignorar una realidad que incrementa nuestra sumisión.  Snowden ha puesto ante nuestros ojos valientemente la hipocresía de unos gobiernos que tenemos como aliados, y si al caballero de la Mancha le engañaron los molinos de viento, ante nuestros ojos no cabe ya engaño alguno.

(1) https://www.casadellibro.com/libro-vigilancia-permanente/9788408215561/9852272

(2) https://www.huffpost.com/entry/cia-gus-hunt-big-data_n_2917842

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