Carlos Feuerriegel
El año pasado, caminaba por un bancal, que no se labra desde hace décadas, y ya colonizado por el matorral, cuando de pronto apareció un pájaro que dando saltos en el suelo se alejaba de mí al tiempo que extendía un ala, aparentemente malherido. Le seguí y acabó alzando el vuelo sin manifestar lesión alguna. Quería llamar mi atención y lo consiguió, desviándola del nido cercano, escondido entre la hierba y que trataba de ocultar con su representación de farsante. Una conducta similar la he observado también entre las perdices cuando intentan proteger a su pollada en sus primeros días de peligroso deambular.
Esto de poner los huevos en un lugar y pegar el grito en otro, no es sólo cosa de avispados plumíferos. Es práctica común entre los humanos y sus maquinaciones. Porque estas, por más que no lo crean, abundan y encontraron un sustrato ideal con la aparición de aquel coronavirus, nuevo, novísimo, de riguroso estreno, protagonista de la última pandemia declarada por los paniaguados de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Hagan memoria y recuerden a aquel misterioso pangolín, los murciélagos chupasangres y el epicentro del mal radicado en el mercado de carne, ¿o era de pescado?, de la ciudad china de Wuhan. Palabrita del niño Jesús, repetida por todos nuestros muy creíbles gobernantes era que el virus tenía su origen en la madre naturaleza, que, de vez en cuando, nos juega estas faenas. Nada de origen en un laboratorio, como decían otros. Y, sin embargo, todos ellos nos mentían porque la información oficial que ellos recibieron, también nuestro Sánchez protector, era que procedía de un laboratorio de virología chino, que había sido manipulado y que debían extremarse las precauciones. Ya saben, encierros, distancia social, muertes en soledad y pinchazos génicos. Con aplauso general y agradecimiento de salvados.
El pasado doce de marzo, dos periódicos alemanes de la máxima tirada, “Die Welt” y el “Süddeutsche Zeitung” dieron la noticia de que el BND, Servicio de Inteligencia alemán, había comunicado a su gobierno en marzo de 2020, mes de declaración oficial de la pandemia por parte de la OMS, que el virus tendría su origen en un laboratorio chino frente a la tesis oficial del origen natural. Lo mismo ocurrió en la Gran Bretaña por parte de sus servicios de información y cabe suponer que estamos ante una comunicación surgida del vientre armado de la OTAN y que, por tanto, también era conocida por el gobierno español. Esta fue la información, que extraño verso suelto, se dio en los Estados Unidos antes de dejarla morir bajo un manto de silencio (1).
La Subcomisión de Investigación constituida en la Cámara de Representantes de los EEUU para investigar el origen del coronavirus SARS-Cov-2 (2) aborda este silencio interesado de aquellos días. En 2020 se valoró que dar a conocer la información facilitada por la inteligencia otanesca pondría en grave descrédito los numerosos trabajos de investigación en manipulación genética que con fines militares llevaban, y llevan, a cabo los EEUU. Mejor pasar página y seguir con la virginal hipótesis del origen natural. Pero eso fue ayer.
Nos podemos preguntar porqué ahora se filtra la noticia. La respuesta es que ahora interesa. Las prioridades han cambiado. China es ya el enemigo declarado y preferente de los EEUU y todo vale en su contra. Porque nada da validez a la posibilidad de que el coronavirus procediera de China y lo que hoy se quiere emplear en el juego de la geopolítica es muy probable que también fuera una información manipulada, en 2020, procedente del mismo poder real de ese llamado “Occidente”. Es decir, que si bien nuestros gobernantes mentían al no trasladarnos la información de que disponían y que se supone que darían por buena, no se puede descartar que tanto la hipótesis natural como la del laboratorio chino sean falsas.
Hace apenas unos días, el 18 de abril, la Casa Blanca abrió una página en Internet en la que acusa a China del origen del coronavirus. Muy en sintonía con la primera sentencia en los EEUU, Estado de Missouri, por la que se reclama a China el pago de 24.000 millones de dólares en concepto de indemnización por haber silenciado el brote inicial del coronavirus. China, por su parte, ha publicado un Libro Blanco sobre el mismo virus, acusando a los EEUU de su difusión. Empate en el marcador.
Y ahora recuerden al pájaro del inicio. Mientras fijamos nuestra atención, perdonen la ingenuidad, en el peloteo sinoamericano, el nido puede encontrarse en otra parte. Porque ese SARS-CoV-2 ya circulaba por el mundo, también por España, antes de que se detectara problema alguno, sin síntomas de enfermedad, sin publicidad, sin problemas reseñables. Quizás lo hayan olvidado y venga bien un recordatorio.
Así se detectó en Italia en muestras congeladas obtenidas de personas sometidas a diagnóstico de cáncer de pulmón, en septiembre del 2019, muestras que fueron analizadas con posterioridad a la aparición oficial del SARS-Cov-2 (3). Igualmente se detectó en muestras de aguas de Turín y Milán también del año 2019. Como, sin necesidad de ponernos a secar, se detectó el coronavirus en muestras congeladas de aguas de Barcelona obtenidas en marzo del 2019 (4). Pero no solo en Europa: el SARS-Cov-2 se encontró en muestras procedentes de fauna silvestre, ciervos de cola blanca, de los EEUU, también del año 2019 (5).
La explicación para esos hallazgos, el nido con los huevos, habría que buscarla en el test PCR desarrollado con velocidad de crucero, arma letal cazadora de portadores asintomáticos. El SARS-Cov-2 sería un hijo bastardo de un test inespecífico que encontraba aquello que se quería buscar conforme a su diseño y que campaba a sus anchas en la naturaleza con anterioridad a marzo del 2020, momento de inicio de la tragedia y del terror programado.
Los pájaros que representan su función han sacado beneficios de su arte, razón de que perseveren en ella. No descarten que los poderes que se han lucrado con el SARS-Cov-2 traten también de despistar nuestra atención, impidiendo que nos acerquemos a la verdad. Olviden a los pájaros y busquen los huevos. No son de chocolate, la Pascua ya pasó, pero son capaces de aportar auroras y despertares.
(1) Sanger, D.E.:”Pompeo ties coronavirus to China lab, despite spy agencies´ Uncertainty”, New York Times, 03/05/2020
(2) 2024.12.04-SSCP_FINAL-REPORT corona.pdf
(3) journals.sagepub.com/doi/full/10.1177/0300891620974755?journalCode=tmja
(4) medrxiv.org/content/10.1101/2020.06.13.20129627v1
(5) pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC8617405/