Los mercados dejan en caída libre las acciones de Biontech.
En 2019 la empresa BioNTech empezó a cotizar en la bolsa de los EEUU. Ya saben, esa empresa que, junto con Pfizer, comercializa la conocida como “vacuna” contra la Covid, de nombre comercial Comirnaty. La más pinchada en España.
En 2018 esta empresa presentó unas pérdidas de 181 millones de euros. Hasta ese momento no había conseguido sacar al mercado ni un solo producto, pese a llevar años trabajando en la tecnología del ARNm, la empleada en las actuales terapias génicas anticoronavirus. Para este pasado año 2021 esperaban unas ganancias de más de 9.000 millones de euros. No parece haberles ido mal.
Y sin embargo algo les da olor a chamusquina a los tiburones financieros de la bolsa estadounidense. En agosto de 2021, con la vacunación masiva a toda vela, las acciones de BioNTech alcanzaron su , hasta ahora, valor máximo, 447 dólares. Desde entonces no han parado de caer. En enero de este año, día 6 y con los Reyes Magos, su cotización era de 211 dólares. El día 27, 160 dólares. ¿Cómo es posible que una empresa que nada en beneficios, vea caer el valor de sus acciones?
El valor de una acción no sólo se mide por la cotización que tiene en un día dado, sino por lo que se conoce como Ratio Precio-Beneficio (PER, en inglés) y que es el cociente entre el valor de esa acción y el beneficio anual por acción de esa empresa. Es decir, ese Ratio nos dice cuántos años (percibiendo ese beneficio anual por acción) necesitamos para recuperar el precio (valor) de la acción. Valores altos (más de 25) se toman por indicio de acciones caras. Valores bajos, por debajo de 5, estaríamos ante acciones “chollo”, gangas bursátiles.
Amazon tiene una PER de 54, Tesla de 304… y BioNTech de 4,81 a finales de este mes de enero. Es una ganga de acción. Incomprensible para una empresa con este historial de éxito repentino. O quizás no tan incomprensible.
Los inversores son miedosos. Muy miedosos. Ven en el horizonte de la tecnología vacunal del ARNm dos graves nubarrones. El primero la baja eficacia frente a lo prometido que podría llevar al incumplimiento por los gobiernos de los contratos de suministro ya firmados. El segundo, los efectos secundarios que se acumulan pese a todas las maniobras de ocultamiento. Esto podría llevar a anular todas las garantías de ausencia de responsabilidad económica que empresas como BioNTech han recibido de los gobiernos. El futuro es incierto y los especuladores lo saben. Las acciones de BioNTech lo sufren.
Pero no se preocupen, aquellos grandes filántropos que invirtieron inicialmente en BioNTech, como el Sr. Bill Gates, en 2019, ya han cosechado. No necesitarán de subsidio alguno para acabar el año. Y si lo necesitan, que lo pidan. La Unión Europea siempre sabe ser generosa con quien se lo merece. Usted, lo siento, no se lo merece.