En la década de los sesenta del pasado siglo el cantante setabense Raimon, uno de los principales representantes de la canción de rechazo al gobierno de Franco, afirmaba en una de sus más conocidas canciones, “De vegades la pau” (1), que “en ocasiones la paz no es más que una palabra vacía, que nada quiere decir”. Con esa canción quería replicar a la propaganda franquista de “Los 25 años de paz”. El sentido de la letra era claro, frente a la injusticia es necesaria la lucha, invocar la paz puede carecer totalmente de sentido.
El gobierno de Franco de aquel entonces no bombardeaba con obuses ni artillería a ninguna provincia española, a otros españoles. El gobierno que se instauró en Kiev en 2014 sí ha venido bombardeando desde entonces, ocho años, a las poblaciones de las dos provincias del este de Ucrania que no le reconocieron. Esas poblaciones podrían haber puesto en sus banderas la letra de la canción de Raimon. Y todos habríamos reconocido que su denuncia era justa.
En 2006, Barren Buffet, especulador financiero y uno de los hombres más ricos del mundo, tercera pata de la Fundación Bill y Melinda Gates, declaraba en una entrevista que Ben Stein, periodista del New York Times le realizó (2):
“Hay una guerra de clases, de acuerdo, pero es la mía, la de los ricos, la que está haciendo esa guerra, y vamos ganando”
Esta frase se ha repetido posteriormente infinidad de veces. No todas las guerras requieren de cañones, obuses, ni tanques. En todas nuestras sociedades capitalistas la élite financiera está en guerra contra el resto de la población, es decir, contra prácticamente toda la población. Y somos nosotros, parte pasiva, los que vamos perdiendo. Esta es una guerra interna, callada, pero permanente. También está la guerra externa, igualmente silenciosa. Y también nosotros estamos en ella, ahora en forma activa. A través de nuestros gobiernos declaramos la guerra a Rusia hace alrededor de dos décadas. Guerra económica y propagandística, estrechando el cerco en torno a un país que no representaba amenaza alguna para nosotros y que luchaba por salir del colapso en el que la caída de la Unión Soviética la había sumido.
Putin lleva veinte años en el poder, bien como Presidente o como Primer Ministro. Es la persona que consiguió detener el saqueo que el capital estadounidense y europeo estaba realizando en Rusia. La población rusa, mayoritariamente, ha reconocido este logro manteniéndolo en el poder. En Europa es presentado como un personaje agresivo o un loco, pero no se nos dice que durante todos estos años, ha sido Putin el que ha sujetado las riendas de sus principales opositores internos en la Federación Rusa, tanto los nacionalistas como los comunistas, segunda fuerza política en Rusia. Ambas fuerzas le exigían una postura mucho más firme frente a las continuas provocaciones de la OTAN. Putin, sin embargo, intentó no romper los puentes.
En los medios europeos oirán hablar mucho de los opositores a Putin, tipo Nawalny, personajes “Made in the USA”, sin arraigo alguno entre el pueblo ruso, pero jamás podrán leer el comunicado del Partido Comunista de la Federación Rusa del 24 de febrero (3), día en que el ejército ruso entró en Ucrania. En él encontrarán referencias a la disolución de la Yugoslavia que nosotros, los buenos y demócratas del Occidente, forzamos con una guerra. A la expansión de la OTAN, a la provocación de la guerra en Georgia en 2008, que igualmente fue instigada desde nuestras cocinas bélicas. O, por supuesto, al martirio de la población del este de Ucrania durante los últimos ocho años. Nosotros podemos permanecer sordos, pero los rusos no podían hacerlo. Tampoco la oposición real a Putin. En este punto ni hay fisuras en Rusia, ni Putin ha actuado como un demente.
Los estadounidenses y nosotros, sus humillados vasallos, somos los grandes defensores de la libertad de expresión, pero hemos tardado poco en cerrar todas las emisoras que quieren hacernos llegar la voz rusa en este conflicto. Sólo queremos escuchar una voz, la propia. Nos miramos al ombligo y nos deleitamos escuchándonos. Lo contrario es peligroso.
¡Qué tiempos aquellos en que se decía que la libertad de expresión consistía precisamente en poder decir aquello que los demás no querían escuchar!
A toda costa debemos permanecer sordos a las razones de la parte rusa. Debemos ignorar, por ejemplo que el Ministerio de Defensa de los Estados Unidos ha desarrollado desde el año 2012 un programa de construcción de diez Laboratorios para la lucha biológica en nueve ciudades ucranianas (4). Estos laboratorios son fruto de la colaboración entre el Pentágono y la Agencia para la Reducción de Amenazas a la Defensa (DTRA) ucraniana y todos ellos han sido construidos por una misma empresa norteamericana, Black&Veatch (5), que sigue informando en la red de este proyecto de colaboración. Por el contrario, el Ministerio de Defensa de los EEUU ha borrado de su red las páginas que informaban de las dotaciones económicas concedidas a cada uno de esos laboratorios, lo cual no impide que esa información siga disponible.
Ya hemos dicho más de una vez, que todo lo que entra en la red, queda en sus máquinas de búsqueda, y podemos comprobarlo con un ejemplo (6). ¿Cuál es la finalidad de estos laboratorios? Algunos de estos nueve ya han sido ocupados por las fuerzas rusas y, tarde o temprano, se sabrá lo que allí se cocía. No puede descartarse que esto también haya pesado en la decisión rusa de entrar en Ucrania, así como en la nuestra de callar sus voces.
Sin duda que en Rusia no pasaron desapercibidas las declaraciones del Presidente ucraniano Zelensky, hace unos días en la Conferencia de Seguridad de Munich, en el sentido de reconsiderar el Memorandum de Budapest de 1994 (7) por el que Ucrania se comprometió a no tener armas nucleares. Para los oídos rusos, toda una amenaza no muy velada para su seguridad. No debiera ser tan difícil ponerse en el lugar del hoy tan maldecido agresor ruso. Su comportamiento no carece en absoluto de racionalidad.
En 2006, el ejército israelí invadió nuevamente el Líbano. La guerra duraría 34 días. Más de un millón de libaneses huyó del país, de una población total de poco más de seis millones de habitantes. Las bombas israelíes contaban con nuestra bendición y las demandas para un alto el fuego en las Naciones Unidas chocaban ante el veto de los Estados Unidos. Su portavoz, la Sra. Condolezza Rice “no consideraba oportuno volver al status-quo ante” (8) , es decir, a la situación anterior a la guerra. Israel debía poder seguir con su agresión. Israel estuvo a la altura y siguió hasta que las fuerzas de la resistencia libanesa le infligieron tales pérdidas inesperadas que finalmente acabó retirándose.
Hoy, y en Ucrania, con la misma lógica olvidada, parece improbable que Rusia detenga sus operaciones sin haber alcanzado sus objetivos, y, principalmente, la desmilitarización de Ucrania. En el caso de Israel, nosotros lo entendíamos; hoy, con Rusia, no queremos verlo y nos embarcamos en una espiral de odio y fanatismo antirruso, ciego, abyecto e hipócrita que nos pasará factura durante décadas. Europa será la gran derrotada en esta guerra.
(1)https://www.youtube.com/watch?v=kyMdCiKPPks
(2)New York Times del 26/11/2006, http://www.nytimes.com/2006/11/26/business
(3)https://www.jungewelt.de/artikel/421669.kommunisten-russlands-provokateure-zum-frieden-zwingen.html
(4) las localidades son:Charkiw, Lugansk, Dnipropetrovsk (2), Winnyzja, Cherson, Ternopil, Zakarpattia, Lwiw y Kiew
(5)https://www.bv.com/projects/btric-ukraine
(6)Correspondiente al laboratorio de Lugansk en Internet Archive, Waybackmachine: https://photos.state.gov/libraries/ukraine/895/pdf/dtro-luhansk-eng.pdf
(7)Memorandum de Budapest en https://de.wikipedia.org/wiki/Budapest_Memorandum y conferencia de Zelensky en : https://www.c-span.org/video/?518086-3/ukrainian-president-sanctions-imposed-russia-now-not
(8)https://www.aljazeera.com/news/2006/7/22/rice-sees-bombs-as-birth-pangs