La culpa es del tiempo

Se van acumulando en las bases de datos oficiales, ya sea de la UE o de los EEUU las muertes y casos de efectos adversos graves asociados a las inyecciones contra la COVID.  Se incrementa la mortalidad por todas las causas en diferentes países, sin que se pueda atribuir al coronavirus y con poblaciones mayoritariamente vacunadas. Los expertos no tienen explicación para ello, pero se afanan en dar con una.

   En Gran Bretaña, el diario Evening Standard del 15/12/2021, avisa de que unas 300.000 personas en el Reino Unido se enfrentan a enfermedades cardiacas, por encima de las cifras que venían siendo habituales en la media de años anteriores. Pero hay una razón: es el estrés post-pandémico. Los corazones fallan, especialmente entre los 30 y 45 años por la tensión derivada de la pandemia. Nada que ver  con efectos secundarios de las vacunas: son los nervios. Los mismos nervios que no debilitaban a nuestro sistema inmunológico cuando había que hacer frente al coronavirus, ya saben, aquellas historietas de la somatización del terror divulgado por televisiones y gobiernos protectores que nos haría enfermar, esos mismos nervios ahora sí que afectan a los corazones.

Es una explicación a los problemas que no pueden ocultarse. Pero hay  otras. Siempre dentro de la ortodoxia, por supuesto. Así la Compañía Aseguradora alemana Barmer emite un comunicado de prensa (1) en el que acusa, nada más y nada menos, que al cambio climático de estar incrementando el riesgo de infartos e ictus. Así como suena. Dado que no  puede esconderse la evidencia de cada vez más casos de problemas circulatorios en Alemania, y resto de países hipervacunados, con su mortalidad incrementada sobre la media de los últimos cuatro años (incluyendo el año ya coronavírico de 2020) se acusa al tiempo atmosférico del problema. No, no, las vacunas aquí tampoco tienen nada que ver.

En “1984” George Orwell nos ordenaba que no hiciéramos caso de nuestros sentidos, el Partido, el Estado, el poder real, ya se encargaban de decirnos en qué debíamos creer.

Se quedó muy corto. Al tiempo. No al de las nubes, sino al de los relojes. Y si nota algún malestar, la culpa el del calentamiento del planeta. Apague la calefacción. Todo se arreglará.

(1)    www.barmer.de/gesundheit-verstehen/gesundheit-2030/nachhaltigkeit/gesundheitswesen-muss-nachhaltig-werden-356568

Compartir en redes

Deja un comentario