CARLOS FEUERRIEGEL
Hace apenas quince días que dio sus primeros pasos el movimiento local en Ayora contra la novillada programada para el nueve de agosto. En tan poco tiempo pueden señalarse ya cuatro victorias claras que merecen ser tenidas en cuenta.
En primer lugar, el equipo de gobierno, promotor de la novillada, ha tenido que asegurar, por boca del alcalde, que no se repetirá ese triste espectáculo en años venideros. Era un objetivo a medio plazo de la oposición a la novillada. Cierto es que la palabra del alcalde vale poco. En el mismo acto, el Pleno del 25 de julio, también afirmó que en Ayora ya se habían dado “corridas de toros”, como algo anclado en su memoria de ayorino de 58 años. Mentía. Nunca se dieron en el pasado siglo XX, nunca en sus 58 años de vida y él lo sabe perfectamente. De ahí que su afirmación fuera una mentira.
De la misma forma que mintió cuando dijo en “Las Provincias” del 18 de julio, que ya se podía dar por asegurada la venta de unas tres mil entradas. Afirmación que repitió el novillero en su intervención en Tele 5 el pasado día 20 de julio, probablemente basándose en lo dicho con anterioridad por el alcalde. El problema es que la plaza contratada tiene un aforo de 2.000 plazas, tal y como se anunció el pasado día 22 de junio en el acto de presentación del cartel anunciador de la novillada que tuvo lugar en el Auditorio Municipal. Con intervención destacada del mismo alcalde de las tres mil entradas. Interpreten ustedes como mejor les parezca este disparate y la soltura con la que se falta a la verdad. Sin atisbos de sonrojo. En la alta política se aprende rápido a salir del paso con mentiras. Pero son de corto recorrido. Y quedan para el recuerdo.
En segundo lugar, los defectos detectados por el movimiento contra la novillada en la elección inicial de la ubicación de la plaza portátil, han llevado al gobierno municipal a tener que cambiar de emplazamiento. Con una soltura que deja pasmado al más pintado. Y con un gasto ya realizado que entra dentro del descontrol propio de quien sabe que tira con pólvora del rey. Esto se está pareciendo a aquel alcalde de Játiva que se hizo famoso por aquello de “esto lo pago yo”. En versión valenciana la de Játiva.
Pero no queda ahí la cosa. El señor alcalde, imperturbable, todavía se permite afirmar en ese Pleno para la posteridad, propio de una nueva edición de “Antología del Disparate”, que “si no se tienen los permisos, la novillada no se hará”. Es decir, promueven, anuncian y proclaman a los cuatro vientos una corrida, que además de causar justificado rechazo, no cuenta con los necesarios permisos en el momento en que se anuncia. Nuevamente pongan el calificativo que se les ocurra a esta forma de proceder. Gasto público aparte.
El gobierno municipal se ha equivocado y persevera en el error. El nuevo emplazamiento jamás cumplirá con el plazo previo de treinta días requeridos, con anterioridad a la celebración de la novillada, para poder obtener los permisos necesarios vinculados a los espectáculos taurinos. No estamos ante un mero cambio de ubicación que no afecte al resto del expediente. En una plaza portátil, es de suponer que precisamente el emplazamiento elegido es determinante a la hora de conceder o denegar autorización.
Toda esta chapuza, que no gira en torno a una charlotada, sino a una tarde pagada a precio de oro con dinero público y para disfrutar con la tortura ritual de cuatro animales, pone al descubierto un mal todavía más profundo. Si en otro día escribía de una novillada “por orden de la autoridad”, ahora hay que echar mano del trazo grueso para hablar abiertamente de cacicada.
Antaño los caciques se valían de su poder económico para asegurarse poder político. Compraban voluntades, favoreciendo sueños, concediendo favores, pero generalmente pagaban de su bolsillo particular. Les salía a cuenta. El sistema era mejorable y ha sido mejorado. Ahora se alcanza el poder político, con la aprobación popular mayoritaria, para poder asegurar fidelidades. Volviendo a favorecer sueños y a conceder favores. Esta vez, sin embargo, el dinero ya sale de las arcas públicas. El bolsillo particular no sufre merma alguna. Esa es la mejora. Para disfrute de los nuevos caciques que ven aumentar su clientela.
Algo muy parecido a todo eso parece que se está incubando alrededor del disparate de la novillada anunciada, relocalizada, pendiente de un hilo hasta el último día y, deseamos, que finalmente suspendida.
Haber sacado a la luz toda esta incompetencia y pésima gestión, forma parte de esta segunda victoria del movimiento contra la novillada.
La tercera victoria es haber conseguido llevar a cabo la concentración ante el Ayuntamiento el pasado sábado día 27 de julio. Con presencia mayoritariamente joven, muy joven. Una presencia que se ha echado de menos en anteriores movilizaciones. Un buen signo. Se dirá, se dice, que esa presencia no era representativa del pueblo de Ayora. Puede ser cierto. No es fácil pronunciarse contra decisiones del poder. Mucho menos del poder municipal y en un asunto en donde la población está dividida. No es nada fácil. Se requiere de un coraje que hoy no abunda. Por eso mismo también se equivocan los que cuentan cabezas desde las alturas de las azoteas. Desde el alambre del titiritero no se percibe la determinación, ni las convicciones de la calle. No son capaces de calibrar las voluntades.
La cuarta victoria es haber conseguido llamar la atención de los medios de comunicación y llevar la novillada a la calle para quitarla de la plaza. Que se hable de ella y que esto sirva para que se vayan perdiendo los miedos a significarse. A ser uno mismo.
El movimiento contra la novillada nació para evitar que se celebrara esa corrida y se festejaran esas muertes. Era el objetivo inmediato y prioritario. Todavía está al alcance de la mano y en apenas unas semanas ya nos ha aportado victorias, certidumbres y conocimientos que no perderán su valor pasado el próximo nueve de agosto.