Durante la segunda semana de diciembre, los socialistas alemanes, que tienen a uno de los suyos como nuevo Canciller de Alemania, han celebrado su “Día del Partido”. En su página oficial, agradecen a sus patrocinadores, las aportaciones para poder financiar el encuentro (1). Reconocen que la disminución de los ingresos, esos afiliados cada vez más escasos y más olvidadizos a la hora de aflojar las cuotas, hacen necesario contar con patrocinadores de la industria privada. Todo muy transparente, como mandan los tiempos.
¿Y quién aparece entre los patrocinadores? Pues sí, Pfizer y Microsoft. Los reyes Midas de las vacunas en su doble vertiente, comercializadora (Pfizer) y patrocinadora (Bill Gates-Microsoft).
No es de extrañar que los socialistas alemanes, tan amantes de todos los desposeídos del planeta se opusieran ardorosamente a que Pfizer (norteamericana) y BionTech (alemana) se vieran desprovistas de su derecho a la patente por el preparado anti-COVID. Esa patente que encarece la llamada vacuna, para los pobres, y que enriquece hasta las alturas celestiales a sus productores.
Pfizer sabe agradecer el gesto de los socialistas y patrocina su “Día del Partido”. Al mismo tiempo el nuevo ministro de sanidad socialista hace los elogios de la tercera dosis. Que ya sabíamos que no hay dos sin tres. Ni cuatro, ni cinco. Faltarán brazos, pero sobrarán vacunas. Aquí y en Alemania.
Los socialistas alemanes han olvidado que todas las acciones tienen siempre una componente que es totalmente inesperada, especialmente para los que las llevan a cabo, y en este caso es el hecho de que los países pobres del planeta deben estar agradecidos al destino por no recibir la terapias génicas reservadas a los ricos. Su cuerpo se lo agradecerá y el tiempo nos lo dirá. Al final, para ellos, lo mejor es que se mantengan las patentes.