Trileros

Mientras seguimos empeñados en no saber, la tropa del Foro Económico Mundial nos canta las excelencias de sus nuevas adquisiciones.

CARLOS FEUERRIEGEL

De Feria en Feria. Como el titiritero de la canción, la banda de trileros del Foro Económico Mundial no descansa. Apenas si hay estación que nos prive de sus jactancias, vaticinios y moralina inclusiva.   Ellos en la plaza, nosotros, los títeres a contrapelo, en el alambre y con suerte. Los trileros del Gran Reinicio se sienten seguros a la sombra del poder real. Ningún temor a la llegada de la policía que ponga fin a sus engaños: con una mano esconden la habichuela y con la otra te quitan lo que te quede. Ya lo anunciaron: “No tendrás nada y serás feliz” . Lo tendrán ellos y lo celebran en tus narices.

Motivo no les falta. Los patrocinadores del Foro Económico Mundial ya controlan la totalidad de las empresas que cotizan en las bolsas del mundo regido por el llamado libre mercado. Pero no es suficiente. Poco a poco se van haciendo con la propiedad inmobiliaria del ejército de desposeídos terrenales en la parte del globo donde rigen nuestros progresivos valores.  Es un logro todavía mejorable.  Se han beneficiado con el aluvión de quiebras y cierres del pequeño comercio y del tejido empresarial familiar que se mantenía a flote en aguas prepandémicas. Pero nos dicen que no es más que el resultado de su óptima competitividad y dominio digital. ¡Cómo sorprenderse que tras tanta adquisición no se les suelte la lengua en su borrachera de triunfos! Esto se veía venir y ahora los ebrios triunfadores lo van gritado a los cuatro vientos: la ciencia también ha pasado a formar parte de su cartera de propiedades: “La ciencia nos pertenece”

Melissa Fleming, la Subsecretaria General de Comunicación de las Naciones Unidas ha sido la encargada de darnos tan feliz noticia (1). Por supuesto en una tenida, pública y publicitada, del Foro Económico Mundial. Quizás ahora se entienda la desinformación sanitaria emanada de la Organización Mundial de la Salud (OMS), dependiente de las Naciones Unidas, durante el aquelarre pandémico, en modo alguno finalizado. O la obediencia a esa desinformación por parte de la Agencia Europea del Medicamento (EMA) o de la FDA norteamericana, en cuyas manos quedó la gestión de la quiebra coronavírica.  Diferentes cabezas de una misma hidra. Todos estos organismos seguían a una ciencia que tiene propietarios, que ya dejó de ser un bien al servicio de los pueblos y ahora obedece a intereses de sus propietarios, los mismos que sostienen al Foro Económico Mundial.

Los antaño pacientes convertidos hoy en dócil clientela olvidan con demasiada facilidad que nuestra Agencia Europea del Medicamento tiene al frente a una señora, Emma Cook, que anteriormente dirigió la Asociación de la Farmaindustria europea, es decir, el grupo de presión de los intereses farmacéuticos. O que la FDA estadounidense está financiada en un 75% directamente por las compañias farmacéuticas, como Pfizer, la gran vacunadora del coronavirus. En realidad, quizás no se trate de olvido, sino de empeño en no saber.  Sí, tiene razón la Sra. Fleming al afirmar que la ciencia les pertenece.

Para muestra de en qué manos se encuentra la ciencia, valga este botón: desde la declaración de pandemia del coronavirus en marzo del 2020 por parte de la OMS, se afirmó que únicamente las vacunas nos devolverían a la normalidad. A la nueva normalidad. Se aceleró su proceso de autorización y se concedió la autorización de emergencia a los preparados de ARNm modificado debido a la inexistencia de tratamientos alternativos autorizados. Ese era el mantra oficial. Y el deseo de las empresas farmacéuticas. La cofradía de la ciencia “bien pagá” echó mano del incensario, balanceado en manos expertas, y sahumó graciosamente esta afirmación. Los humos todavía no se disiparon.

El escándalo, sin embargo, es que sí habían tratamientos alternativos.  En algunos países se aplicaron, como en la India. Se recurrió a la Ivermectina, materia activa ya no sujeta a patente, producto barato y accesible, antibacteriano y antiviral. La pesadilla de la farmaindustria y sus accionistas. Las autoridades del mundo del capitalismo del derecho y las buenas prácticas, demonizaron la Ivermectina, señalando que era únicamente un desparasitario para caballos. Nosotros no éramos caballos.  No tuvimos esa suerte. Pero nos tomaron por asnos y agrandaron nuestras orejeras.

Hubo médicos, también en nuestros países, rehenes de la OMS y demás Agencias sanitarias, que sí recetaron la Ivermectina para tratar la infección del coronavirus. Pese a la oposición de sus, nuestros, gobiernos.  El tiempo les ha dado la razón. En los EEUU un tribunal ha fallado en favor de los médicos que acudieron a la justicia para defender su proceder, recetando la Ivermectina En el juicio han debido comparecer los representantes de la FDA, la administración federal que criminalizó la Ivermectina. Ahora han declarado que esa sustancia sí que podía prescribirse para tratar la COVID, que los médicos que lo hicieron estaban en su derecho y la Ivermectina estaba autorizada para su uso en humanos, no sólo en caballos. Donde dije digo, digo Diego. Con toda la cara. La noticia, como era de esperar, no ha trascendido en medio alguno de gran alcance. No sólo les pertenece la ciencia, también los medios de desinformación. 

Monstruos financieros como BlackRock y Vanguard, fundaciones filantrópicas como la de Bill y Melinda Gates, la Welcome Trust, o tantas otras se han hecho con la ciencia, de igual forma que controlan los medios de comunicación y los gigantes de Silicon Valley. Es una incómoda verdad, mucho más incómoda, y sobre todo, mucho más real que la que en su día nos vendió el apóstol de la calentura global, Al Gore.     

 

Leonardo da Vinci contaba un chascarrillo del gremio de los pintores. Preguntaron un día a un pintor por qué sus figuras, cosas muertas al fin, eran tan bellas y sus hijos, por el contrario, tan feos. El aludido contestó: porque mis pinturas las hago de día y mis hijos de noche (2). La ciencia, propiedad de estos nuevos trileros de la globalización, también la traman de noche. Carece de belleza porque no es hija de la luz de la experiencia, ni persigue la verdad, sino engendro de las tinieblas del interés particular, oscuro e inconfesable.

(1) weforum.org/agenda/2022/09/tackling-disinformation-agenda-dialogues

(2) Leonardo da Vinci, Aforismos, Espasa Calpe, S.A, 1999

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