VOX y el amor a la tierra

El nombramiento en Valencia de la señora Leticia Sanchiz como Directora General de la Producción Agraria y Ganadera es una saeta apasionada de la nueva Consejería, en manos de VOX, al capital ambulante que hace de la tierra la herramienta canjeable que está deteriorando ese sustrato vivo de los campos que debiéramos conservar.

CARLOS FEUERRIEGEL

“Las ocho montañas” es la bella historia de una amistad. También es un canto al esfuerzo y a la vocación por mantenerse fiel a la tierra. El marco es olímpico y excelso por doblemente montañoso: los Alpes en su vertiente italiana. Bruno y Pietro van cultivando su relación desde la infancia, el primero es un hijo de la montaña, el segundo, un niño procedente de la gran ciudad que aprende a conocer el misterio de la vida en los altos valles a través de los ojos y las vivencias de su amigo.

La película expone dramáticamente, junto al fluir de la relación entre nuestros dos protagonistas, las dificultades casi insalvables a las que se enfrentan hoy en Europa los campesinos que trabajan por perpetuar el vínculo de sus ancestros con las tierras que habitaron y cultivaron. Este vínculo fue profundo, íntimo y emocional. La tierra no era contemplada meramente como una herramienta con la cual ganarse solamente la vida, sino como el sustrato vivo sobre el que se forjan los caracteres libres que aseguran la continuidad de la comunidad. El afán de Bruno por sacar adelante un granja destinada a la elaboración de quesos, acaba fracasando. Las deudas se comen su patrimonio y rompen su familia. El banco, irónicamente, podría abordar un gran crédito de 20 millones de euros, pero que para los veinte mil euros necesarios no merecía la pena ni intentarlo.

Desde las instituciones de la Unión Europea y los diferentes Ministerios nacionales se promueve hoy esta nueva relación pobre y utilitaria con la tierra. Prima una trato comercial, somero, tangencial; la tierra es contemplada en primer lugar como el destino de una inversión que debe rentabilizarse en términos económicos a corto plazo y con la cual ya no se mantiene una ligadura inmaterial, legado del pasado y herencia para el futuro.

Desde hace décadas desciende sin freno a la vista el número de explotaciones familiares agrarias en España y en Europa. Esto no se traduce en una caída de la producción, porque el campesino dueño de la tierra y de su trabajo es reemplazado por el trabajador asalariado de la gran empresa agraria que invierte su capital en la tierra o en la cría industrial del ganado, como podría hacerlo en cualquier otro sector que ofrezca una rentabilidad suficiente. El apego a la tierra no ocupa lugar alguno, ni puede ocuparlo porque la mayoría de estas empresas desarrollan su actividad en diferentes territorios que carecen de valor en la memoria o en los afectos de sus directivos. Uno ama la tierra en la que nació o en la que se crió, pero difícilmente llega a amar la herramienta ocasional de la que se vale. Sin embargo es ese amor a la patria chica el que ha nutrido históricamente el amor a la nación de la que se forma parte. En este caso la defensa de la tierra no es una idea abstracta, sino concreta, palpable y vivida cada día.

En España, VOX es el partido que se precia de presentarse como el defensor del sentimiento del amor a la nación española, el que proclama su oposición a cualquier componenda que pudiera comprometer o debilitar la integridad nacional. En todas las autonomías en las que gobierna junto al PP, salvo en Murcia, y no por falta de demandarlo en este caso, se ha hecho con la responsabilidad de las Consejerías de Agricultura. Cabría esperar que utilizara esa posición para debilitar el cerco al que están sometidas las explotaciones familiares agrarias por parte de los capitales ambulantes que buscan la proletarización de los antaño agricultores autónomos. Sin embargo, nada de esto se vislumbra en el horizonte que recién vamos descubriendo. Al contrario.

El nombramiento en Valencia de la señora Leticia Sanchiz como Directora General de la Producción Agraria y Ganadera es una saeta apasionada de la nueva Consejería, en manos de VOX, al capital ambulante que hace de la tierra la herramienta canjeable que está deteriorando ese sustrato vivo de los campos que debiéramos conservar. No es casualidad que el grupo de empresas a la que la Sra. Sanchiz representó cuando solicitaba permisos para ampliar sus granjas de engorde de cerdos en el término de Ayora, o las concesiones de agua de la Confederación Hidrográfica del Júcar, invierta también en parque solares. Las tierras valen para un roto y un descosido. Si con los cerdos podemos hacer de las tierrras sumideros de la orina porcina y fábricas de canales que puedan ser exportadas a la muy cercana China, con las placas solares aportamos un granito de arena para la destrucción de paisajes, que bien alejados de los hipotéticos centros de consumo, producirán una más que caprichosa, por impredecible, energía. La tan cacareada huella de carbono que marcamos con los cerdos, la compensamos, falsamente, con las placas y aquí paz y allá gloria. Descubrámonos ante la nueva hipocresía sostenible.

El capital no conoce lealtades ni afectos, sólo intereses. Cabría esperar de quienes dicen defender el sentimiento de amor a la nación, que es a la vez sentimiento de enraizamiento en los ancestros y en la tierra que les acogió y nos sigue sustentando, otra forma de actuar. Nada parece indicar que con las señales que se van percibiendo, se llegue a detener la sangría en la precaria existencia de las explotaciones familiares del campo español.

Creo ya escuchar el alud de protestas ante la irrealidad de este canto a una agricultura que mejora y cuida, más que explota la tierra. No sería hoy viable, no sería competitiva, la palabra favorita de los políticos al uso. Cierto es que no podría medirse en precios con los productos procedentes de países terceros, ajenos al área europea. Pero es relevante que las mismas voces que creen estar dando rienda suelta a la sensatez más evidente, se olviden de la misma cuando nos piden que asumamos alzas de precios generalizados derivados, eso nos dicen, de nuestro esfuerzo por sostener la guerra que la OTAN libra contra la Federación rusa en suelo ucraniano y desde 2014, no febrero del 2022. Cuando la pobreza acompaña a la persecución de objetivos políticos, todo vale. Para el mantenimiento de una agricultura fuerte y rentable, garante de la seguridad de nuestras despensas, ese esfuerzo ya no es de recibo.

También los hay que dirán que una Consejería de una Comunidad autónoma carece de competencias para tomar las medidas que requeriría el fortalecimiento de la agricultura familiar. Pero, entonces, ¿cuál es su función? ¿para qué sirve? Una Consejería de Unidas Podemos desbrozó el camino para construir megaparques fotovoltáicos en comarcas como este Valle, veremos si la nueva Consejería de VOX pone la alfombra roja a las granjas industriales de cerdos, también en comarcas como este Valle. Como ahora dicen los cretinos de la neolengua, es una oportunidad para ganar-ganar. Con placas o con cerdos, los intereses empresariales de la nueva Directora General están más que seguros. Pero sólo esos intereses se verán beneficiados. Triste saldo de un proclamado amor a la patria que nunca debiera dejar de ser también un amor a la tierra de nuestros padres.

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