Un breve cuento

El pastor apacentaba un numeroso  rebaño junto al camino rural. De pronto una nube de polvo se acerca por el camino hasta él. Frenazo y espera. Hasta que se disipe el polvo. Del Range Rover, alta gama, cristales ahumados, desciende un pincel vestido de Armani, con zapatos de Gucci y gafas de Dolce&Gabbana, rebozado en cremas y colonias, aspecto asexuado propio del tiempo y ordenador portátil en mano.

El visitante le ofrece un trato al buen pastor: si es capaz de adivinar el número de ovejas que apacenta, pide poder llevarse una a su casa. Ya saben, eso que ahora llaman “mascotas”. El pastor entre incrédulo y sorprendido, acepta.  El visitante abre su portátil, lo orienta a los satélites habidos y por haber, despliega unos cuantos programas de Excel y se sumerge en cálculos y navegaciones mágicas. El pastor contempla y espera. Llega la respuesta: 1327 ovejas pueblan el rebaño del pastor. Éste lo confirma, se rasca la cabeza. Ante la resignación del pastor, el visitante se dirige al rebaño y elige el ejemplar que mejor le parece.

¿Puedo yo también proponerle un trato? Le pregunta el pastor al visitante. De acuerdo responde  nuestro maniquí.  En el caso de que acierte cuál es su trabajo, me devuelve al animal. Estoy conforme, contesta el otro, ¿a qué me dedico? Usted es un experto y asesora ocasionalmente a nuestro Ayuntamiento y múltiples oficinas de desarrollo económico del medio rural, no me cabe duda de ello. El pastor había acertado  y no se demoró en exigirle al experto que le devolviera… ¡a su perro! encerrado y  desesperado en el maletero de nuestro brillante experto y su no menos portentoso Range Rover.  El programa del ordenador funcionó, pero el experto no.

Y colorín, colorado, este breve cuento se ha acabado. Beeeeeeeeh.

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