Una almanseña de la elite global. Por Carlos Feuerriegel

Un honor presentarles a una almanseña que lo es de manual. De nombre, Belén y de apellido, Garijo. Todo muy de andar por casa. Ella, sin embargo, vuela por las alturas pues está al frente del gigante mundial de la farmaindustria Merck. 

Belén, que la familiaridad con nuestros vecinos permite estas licencias, ha publicado el pasado diez de febrero un artículo (1) en las páginas digitales del Foro Económico Mundial de Davos (FEM), ya saben, aquellos que ven en el coronavirus una magnífica oportunidad, ventana le llaman, para acelerar el “Gran Reinicio”. 

El “Gran Reinicio” queda perfectamente definido en el libro del creador y presidente del FEM, Klaus Schwab, publicado en junio de 2020 y que debería ser lectura obligada para los que quieran entender algo de la trama de esta pandemia del Coronavirus. En pocas palabras, se trataría de revitalizar el capitalismo financiero depredador de la vida con un baño verde de buenas intenciones, y mejores palabras, bautizado como “Capitalismo de las partes interesadas” (Stakeholder capitalism en inglés).

Belén hace tal uso de eso de “las partes interesadas” en su artículo, que la idea inicialmente llena de abrasivos pinchos, queda más lisa que canto de rambla. Rambla de la Mearrera, que tan cara será para nuestra autora.

Belén cree, promueve y defiende la sanidad digital. Sí, sí, también la inclusividad, transparencia, diversidad de género y demás letanía preceptiva.  La sanidad digital no tiene nada que ver con la salud de nuestros dedos, pero sí con la salud de la farmaindustria a la que ella se debe. Salud que es sinónimo de cuenta de resultados, beneficios, mercado en expansión. Belén es optimista. El Coronavirus está ayudando a ello, pero todo se queda corto ante las expectativas.

El artículo comienza con estas palabras:

 “A lo largo de las dos últimas décadas, las tecnologías digital y de acopio de datos han comenzado a converger con las medicinas, instrumentos y diagnósticos para crear un nuevo mercado para la salud digital. El Coronavirus ha acelerado la demanda…”

A lo largo del artículo se desarrolla la idea de este nuevo mercado. Olvídense de una aparente buena salud, ésta no vendría a ser más que una enfermedad todavía no diagnosticada.  La vieja idea del Dr. Knock de principios del siglo XX, de que en realidad todos estamos enfermos, pero no lo sabemos.  El sueño de la industria de las medicinas y sus expertos.

Para poder ampliar el mercado en el que opera Belén, habría  que acceder a los datos médicos de los pacientes-clientes, pero desgraciadamente:

“Durante la pasada  década, sin embargo, la información sanitaria ha permanecido mayoritariamente aislada en complejos no conectados y ecosistemas cerrados. Estos entornos desconectados no sólo reducen las oportunidades de obtener beneficios sinérgicos a lo largo de la cadena de valor…”

Dado que:

“la mayor parte de los americanos y europeos son contrarios a compartir sus datos médicos con las partes interesadas y autorizadas de la atención sanitaria, especialmente aquellas del sector privado”

En efecto, no deseamos dar nuestros datos a las empresas farmacéuticas. Un inconveniente para los deseos de la industria a la que Belén representa. ¿Respetará esa industria nuestro deseo de privacidad? Por supuesto que no, enseguida veremos cómo.

Belén escribe también acerca del enorme poder de su industria:

“Nuestra industria tiene hoy la oportunidad de construir sobre recientes avances en la comprensión del genoma humano y las tecnologías de secuenciación para crear una firma molecular universal de la diversidad humana”.

Junto a la firma digital, la firma de nuestro genoma. En vías de converger en los sueños de los profetas como Klaus Schwab y su Foro Económico Mundial. Nuevamente por nuestro bien, como el pasaporte COVID. Pequeños pasos en el mismo sentido.  

Merck la empresa farmacéutica representada por la Sra. Garijo, abandono la familiaridad, que el cargo ya empieza a imponer, ha puesto en marcha para superar el obstáculo de los pacientes que no desean compartir sus datos sanitarios actuales, ni futuros, en forma de “firma molecular universal”, a Syntropy. Syntropy no es un muñeco, ni un robot, ni un juego, según nos indica en su artículo:

“Syntropy ayuda a las organizaciones a desbloquear el potencial de nuestros datos de salud para acelerar las investigaciones y los resultados clínicos que mejoren el cuidado del paciente”

Todo es por nuestro bien. Pero caben las dudas. Syntropy nace de una colaboración entre Merck y la empresa Palantir.  Hasta el periódico ABC, poco dudoso de conspiracionista se atrevió a hablar del fundador de Palantir, Peter Thiel, en términos más que preocupantes (2). En el 2021, Palantir recibió de esta publicación el calificativo de “la empresa más polémica del mundo”.

Palantir ha trabajado hasta ahora en estrecha colaboración con la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA), que invirtió en ella a través de sus fondos para apoyar “empresas de interés”. Igualmente entre sus clientes destacados figuran el FBI y el Ministerio de Defensa de los EEUU. Palantir  está acusada de compartir sus datos con agencias de seguridad de los países del “eje del bien” y no parece ser esta la mejor manera de inspirar confianza en esa colaboración con la farmacéutica Merck de la que nos habla la Sra. Garijo.

Actualmente Palantir, además de los clientes gubernamentales indicados, trabaja principalmente recogiendo datos para el sector de la banca, seguros, sanidad y energía. Realmente, nada para la industria de los seguros como  poder acceder a sus datos de salud. Un sueño hecho realidad.  La sanidad digital de la que nos habla la Sra. Garijo no será precisamente, un impedimento para ello. En el caso de que lo permitamos.

Merck y la farmaindustria  saben de nuestro rechazo. El artículo de la Sra. Garijo va en la línea de hacer frente a este rechazo. Ella nos asegura que en Merck han elaborado un Código de Ética Digital (CoDE) para asegurar que nuestros datos no puedan ser utilizados de forma malévola.  Nada que temer. Ella nos lo asegura. Todo por nuestro bien, es el mantra del  mundo digital. Beatificado será quién, a estas alturas, todavía pueda dar alguna credibilidad a estas promesas.

Y para terminar, una pequeña anécdota. Hace unos días, también en Almansa, tuve que acudir al hospital. La digitalización de la sanidad, entre otras cosas, significa que un médico de allí no puede conocer, ni compartir, el historial de un paciente que viene de Ayora, otra autonomía. Como saben ustedes, distante años luz y en otra galaxia. Pero ni siquiera en la misma galaxia, un médico del ambulatorio de Ayora, dependiente del Hospital de Requena, puede acceder a datos de un paciente tratado en el Hospital Clínico de Valencia. Verídico, créanme.

De no evitarlo nosotros, llegará el momento en que la incompetencia de las autoridades sanitarias de aquí y allí no habrán querido evitar un absurdo como el descrito, pero la industria representada por la Sra. Garijo conocerá los de todos nosotros. La impotencia de lo público y el vasallaje absoluto ante lo privado. Eso es precisamente “el capitalismo de las partes interesadas”. Almansa puede preciarse de tener entre sus paisanas a una representante de altura. Celebrémoslo.

 (1)https://www.weforum.org/agenda/2022/02/digital-health-open-inclusive-and-patient-centred/?utm_source=sfmc

(2)https://www.abc.es/xlsemanal/a-fondo/big-data-polemica-uso-datos-silicon-valley-unidos-palantir-peter-thiel-paypal

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