Carlos Feuerriegel
Sant Jordi, el patrón de Cataluña, dio muerte al dragón que salivaba a la vista de la apetecible princesa. Otra princesa hubo con anterioridad y llevaba Europa por nombre, hija de un rey de la antigua Fenicia que secuestrada por Zeus, disfrazado de toro, fue dejada en tierras de Creta dando nombre a nuestra pequeña gran patria europea. Así nos lo contaron las sagas del mundo griego y así también, por una extraña carambola, el periódico New York Times nos ha venido a recordar la leyenda de San Jorge y la princesa. Esta vez en tierras alemanas y sin San Jorge a la vista. La princesa, la secuestrada, somos nosotros, Europa.
El pasado veintinueve de marzo, el periódico norteamericano publicó un informe de nada menos que 26 páginas con el título de “La colaboración: la historia secreta de la guerra en Ucrania” (1). La extensión quizás sirviera para que pocos se internaran en semejante jungla, impenetrable para nuestras mentes moldeadas por la fugacidad y atrofiadas por los micromensajes de móvil. Pero el primero de abril, la prensa europea se hizo eco de la noticia, que debidamente recortada, fue dada a conocer a los súbditos europeos.
El corazón del documento es claro y rotundo. Los EEUU, desde mayo del 2022, dirigen las operaciones del ejército ucraniano, desde su cuartel de Clay en la ciudad alemana de Wiesbaden. Sin conocimiento alguno de los trescientos mil habitantes de esa ciudad agraciados con la presencia de veinte mil soldados del yanki agresor que bien nos cobra su falsa protección. La noticia del Times, no contiene crítica alguna, al contrario, orgullo por las capacidades para matar soldados de la Federación de Rusia, sin arriesgar ninguna de las preciosas vidas de sus heroicos marines. Los muertos los ponen otros.
El New York Times, confirma así lo que era un secreto a voces. La guerra en Ucrania es una guerra de los EEUU contra Rusia echando mano de la carne de cañón ucraniana y la categoría, ínfima, de país ocupado de la llamada República Federal de Alemania. Lo fue ya con Obama que provocó el golpe de Estado del 2014 que echó el conflicto a rodar, lo fue con Trump en su estreno enviando las primeras armas, antes de febrero de 2022, lo ha sido con Biden y sigue siéndolo con Trump en su repetición de curso. Quieren ser mediadores, pero nunca han dejado de ser parte y parte principal.
En Wiesbaden se constituyó la Unidad de Combate “Dragon” (sin acento para la angloesfera) al mando del general Chris Donahue y con la participación de la CIA (Agencia Central de Inteligencia), la DIA (Agencia de Inteligencia de la Defensa), el NSA (la Agencia Nacional de Seguridad) y la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial. Mucha inteligencia condensada en ese dragón para decidir los objetivos, proporcionar las coordenadas y dejar a los ucranianos que apretaran el gatillo de las armas Made in USA. Economía circular de la muerte, los dólares vuelven a casa, y monumento a la hipocresía de la única nación imprescindible.
El inicio de la colaboración de los EEUU con Ucrania, tras la entrada de las tropas rusas, tiene por fecha el 26 de abril, apenas unos días después de que el primer ministro británico, Boris Johnson, aquel rubio despeinado que nos enseñó a lavarnos las manos víricas cantando “cumpleaños feliz”, pusiera fin a las negociaciones de paz en Estambul entre Rusia y Ucrania. En ese día se reunieron en Ramstein, otra base feudal de los EEUU en Alemania, el Jefe de Estado Mayor de los EEUU, Mark Milley y los generales Donahue y Christopher Caroli con el ministro de defensa de Ucrania Oleksi Reznikov. Caroli es, mero detalle, el Jefe Supremo de las fuerzas de la OTAN en Europa. Con mando en las bases del amo estadounidense en esta España nuestra que camina con paso firme hacia el rearme providencial que nos librará de ver a Iván traspasar los Pirineos, cual nuevo Anibal, pero sin elefantes.
Según el New York Times, la eficacia del mando estadounidense ha conseguido dar muerte a unos setecientos mil soldados rusos, frente a unas bajas mortales ucranianas de cuatrocientas mil. Probablemente, las cifras estén invertidas, pero el millón de jóvenes muertos puede reflejar la realidad. Y con ella, el crimen de una guerra que se pudo parar en marzo del 2022 y que se mantuvo con la sola finalidad de debilitar a Rusia, enemigo declarado de los estrategas de la OTAN.
Los datos desvelados por el New York Times ponen en evidencia nuestra insignificancia. Desde cualquiera de nuestros países europeos integrados en la OTAN, el amo estadounidense puede atacar a otro país, con el que nosotros no estamos en guerra, ocultando su participación y dejando caer cualquier posible, y justificada, represalia sobre hombros ajenos. Los nuestros. Los dragones, como buenos reptiles, nunca destacaron por su empatía.
La democracia nos juega estas bromas pesadas. El pueblo soberano se convierte en beligerante, sin llegar siquiera a enterarse y, mucho menos, haberlo decidido. Ese es el peso real de nuestra soberanía.
En el año 2016, en la misma Alemania hoy en guerra, de hecho, con Rusia, la ministra socialista de Trabajo, Andrea Nahles, encargó una encuesta entre la población para saber en qué medida las políticas del gobierno, el suyo, reflejaban las preferencias de la población. Las respuestas eran diferenciadas en función del nivel de renta de los encuestados. El resultado no fue lo esperado:
“las decisiones políticas NUNCA se orientan en el sentido de lo deseado por las personas con menos ingresos y SÍ por las preferencias de los más ricos”
El porcentaje de población de menores ingresos superaba con mucho al de mayor nivel de renta. Esta última es la minoría que hace caja con el alza meteórica de las acciones de las empresas alemanas de armamento. Aquella encuesta todavía ofrecería un resultado más devastador para el gobierno actual de realizarse nuevamente y tras ser conocida la información de que desde su país se dirige la guerra en Ucrania y se lleva la contabilidad de los muertos que se causan en el otro bando.
El que ese bando, que nunca tiene gobierno pero sí régimen y que nunca nos ha atacado, no se chupe el dedo y también tenga acceso al periódico estadounidense, no debe sorprendernos. Pero sí debiera indignarnos el que los dirigentes políticos de la Europa vasalla decidan armarse hasta los dientes, con dinero que todos pagaremos y enviaremos a los mismos que hacen la guerra desde nuestros países y con absoluto desprecio a nuestras voluntades. Para los EEUU el negocio es redondo, para nosotros es indigno y criminal.
En la fachada del Palacio de la Generalitat de Cataluña todavía cabalga San Jorge alanceando al dragón para proteger a la princesa. Bien haría en descabalgar y echar a ese dragon (sin acento) que usa y abusa de Europa a su antojo, esa princesa ya no tan joven, y para mayor burla lo pregona sin reparo alguno.
(1) nytimes.com/interactive/2025/03/29/world/europe/us-ukraine-military-war-wiesbaden.html