En defensa del dinero físico, monedas y billetes

                        Apoya la Iniciativa Legislativa Popular también en Ayora

En el norte de España todavía se pueden encontrar. Son las loberas: dos largos y elevados muros construidos con piedra seca, como nuestros ribazos, que convergen al cabo de cientos de metros en un pozo profundo del cual es imposible escapar para cualquier animal que caiga en él. Se utilizaban para cazar lobos y nuestras sociedades modernas parecen haberse introducido, con tanta ignorancia como la de los lobos perseguidos, en un descomunal embudo que arrincona y acosa al arraigado uso de los pagos en metálico, al empleo del dinero físico en nuestras transacciones económicas.

De la desaparición lenta pero cierta de los cajeros automáticos a los horarios restringidos para sacar dinero de los bancos. Del cierre de oficinas bancarias a la reducción del personal en las mismas. De la necesidad de obtener nuestro billete para el tren recurriendo a una máquina expendedora. De echar mano a internet para pagar hasta el importe de una barra de pan por medio de un teléfono móvil o un reloj, que más que marcar las horas parece señalarnos nuestro destino.  Todo conduce a la inexorable desaparición de los pagos en metálico.

Para unos es el signo de los tiempos. Estos nunca se equivocan y siempre avanzan hacia horizontes de mejora.  Son los optimistas que siempre creen vivir en el mejor de los mundos posibles. Para otros, es una realidad ante la que hay que doblegarse. No hay alternativa. Se dan ya por derrotados y rehuyen cualquier confrontación. Y nosotros, los que creemos que poco obedece a la pura casualidad ni al azar, estamos ante otra ocasión de demostrar la capacidad de organización de la comunidad para impedir la caída en el hoyo que vislumbramos al final de la trampa por la que avanzamos. Porque hay pasos adelante que sólo traen pérdida de libertad y autonomía, no ya solo personal, sino colectiva.

Nadie se sorprenderá si afirmamos que la “digitalización” de la sociedad es un objetivo declarado y perseguido por el poder político en la Unión Europea y en España.  La digitalización serviría al propósito esgrimido por sus promotores de modernizar, agilizar, ganar en eficiencia y también de hacer más transparente nuestra vida social y económica. Transparencia que siempre es indicadora de absoluta falta de confianza, de atroz alza de conductas individualistas y de empobrecimiento de verdaderas relaciones humanas. También, en el caso del uso cotidiano del dinero, del abrumador poder del sistema financiero que exige estar presente, beneficiándose, de todas nuestras compras y ventas. Nada debe escapar al control y provecho del poder bancario.

El Estado nos dice que pasar de la economía de pagos con dinero en efectivo al pago con instrumentos electrónicos evitará los fraudes a Hacienda, dejando caer que todos somos delincuentes que debemos demostrar nuestra inocencia, que ya no se presupone, y declarando su fracaso palmario en acabar con los paraísos fiscales a los que se acogen las grandes corporaciones y las entidades financieras para evadir el pago de impuestos. De forma totalmente legal y consentida, por parte de estos grandes poderes económicos. Ellos no necesitan del dinero en efectivo bajo el ladrillo para tejer sus ingenierías financieras de cleptómanos de alto rango. 

Al mismo tiempo que el Estado nos vende sus buenos propósitos, silencia que todo lo que circula por la red es susceptible de ser interceptado y conocido, no ya sólo por las autoridades administrativas, lo cual es su intención declarada, sino por la llamada ciberdelincuencia. Parecemos haber olvidado ya aquellas promesas del neonato “euro” infalsificable, pero cuyos billetes, ¡hasta los de cinco euros!, deben pasar por las máquinas verificadoras de su autenticidad. Sí, las maravillas de la tecnología infalible gustan de gastar estas bromas. No nos quepa duda, la digitalización generalizada de los pagos abrirá una nueva caja de Pandora de sorpresas ante la cual los nuevos alquimistas del progreso confesarán su impotencia, más fingida que sentida.

Vivimos en un sistema político de la llamada democracia indirecta o representativa, pero dentro de este sistema cabe la posibilidad de que por iniciativa popular y tras recoger medio millón de firmas, se puedan presentar proyectos de ley al Parlamento nacional.  Este año se quiere llevar a las Cortes uno de estos proyectos para proteger el uso actual y futuro de los pagos en metálico. Un grupo de vecinas y vecinos de Ayora respaldamos la iniciativa y pedimos el apoyo de la población.  Es una forma clara y sencilla de ejercer la democracia directa. Voluntaria, libre, informada.

Durante las próximas semanas recogeremos las firmas y también se podrá firmar en los pliegos depositados en el comercio de “Tissus Complementos” en la plaza de la Asunción, agradeciendo a Pilar su colaboración.

El objetivo de la ley que se propone para su debate en las Cortes no es impedir los pagos a través de dispositivos electrónicos, sino garantizar la vigencia y validez de los pagos en metálico. Quien piense que es una fábula hablar de un propósito oficial de favorecer la desaparición del dinero en metálico, sólo tiene que asomarse a la realidad ya existente en países europeos como los escandinavos, donde estos pagos han casi desaparecido, con tiendas que no los admiten y forzosas intervenciones de las autoridades para evitar estas situaciones que hoy todavía son ilegales, pero que los nuevos usos acabarían convirtiendo en reales y conformes a la ley.  O mirar un poco más lejos, a nuestras antípodas australianas, verdadero laboratorio de la digitalización promovida por el Foro Económico Mundial, donde a partir del primero de noviembre de este año, uno de sus diez principales bancos, el BankWest fundado en 1895, cerrará todas sus filiales, pasando a trabajar únicamente con dinero que se mueva digitalmente, es decir, ni se podrá sacar dinero en metálico de tu propia cuenta, ni se podrá ingresar. Todo funcionará a través de internet. 

No, no estamos cayendo en el viejo cuento de avisar de un hipotético lobo que nunca llega. El lobo no llegará porque ahora los lobos somos nosotros. Lobos dentro del embudo de piedra de altos muros, pero del que sí es posible salir.  El apoyo a esta iniciativa legislativa popular marca el camino de salida. 

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