La cometa de la vida

CARLOS FEUERRIEGEL

El jueves, día 7 de diciembre fue asesinado por el ejército judío el poeta gazatí  Rafaat Alareer (1). Apenas unas horas antes recibió una llamada del ejército de ocupación informándole que iban a por él y sabían dónde se encontraba. Rafaat, voz de la resistencia y bardo de la fidelidad a su tierra, abandonó la escuela donde se refugiaba junto a otros centenares de personas para intentar evitar que también ellas fueran alcanzadas por la muerte ya anunciada.

La amenaza se cumplió. Rafaat murió bajo los escombros de la casa de su hermana, alcanzada por las bombas dirigidas contra él. Y junto a él, murió su hermana y sus cuatro hijas. Seis víctimas más en una contabilidad ya sin contables. Apenas un día antes de este singular crimen en la abstracción de una matanza metódica e industrial, al por mayor, la Agencia Reuters se atrevía a sugerir que ya era imposible conocer cuántas decenas de miles de palestinos habían sido asesinados por la ira cainita del ejército israelí. El Centro de Datos en Gaza que proporcionaba información acerca de las víctimas mortales causadas por los bombardeos había dejado de funcionar. De las cuatro personas que lo gestionaban, una había sido asesinada por los israelíes y las otras tres se encontraban desaparecidas. Se desconoce el número de palestinos que yacen bajo los escombros. Muertos doblemente para los titulares de nuestra prensa, vivos enteramente en la memoria de su pueblo. Flor de resistencia y bandera de dignidad.

El pasado doce de octubre, antes de comenzar la matanza de la población civil de Gaza, el ministro  de exteriores de los Estados Unidos, compareció ante la prensa en Tel Aviv. Blinken afirmó: “Nuestra humanidad, el valor que nosotros damos a la vida y a la dignidad humana, eso es lo que hace de nosotros lo que somos” Y no se equivocó. Su segundo país, o el primero en función de qué suelo pise y dado que recordó al mundo su condición de “judío”, los Estados Unidos, son los que proporcionan las bombas y la protección internacional al Estado terrorista de Israel que se encarga de su reparto a discreción. Contra la población civil. Contra sus casas y toda la infraestructura sostén de la vida. Demostrando lo que son y el valor que dan a la vida humana. Un valor tan escaso que ni siquiera merece la pena que los muertos puedan ser contados.

Theodor Herzl, el padre político del Estado judío escribió en el inicio de su libro “El Estado de los judíos” de 1896 que “si vosotros queréis no será un cuento”. El cuento realizado de Herzl se ha convertido en una gigantesca máquina de matar que en su locura homicida está pavimentando el camino de su propia desaparición. Pero hay otros cuentos y son cuentos de vida. Cuentos con futuro y renacer.

Rafaat  Alareer, poco antes de morir escribió un poema lleno de presentimiento de su destino y también de esperanza para su pueblo. Quería que su poema fuera un cuento y el cuento lo tituló “Si tengo que morir”:

                                                  

Si mi deber es morir
el tuyo es vivir
para contar mi historia
para vender mis pertenencias
para comprar un trozo de tela
y algunos hilos
(que sean blancos y de larga cola)
así un infante, en algún lugar de Gaza
mientras mira al cielo a los ojos
a la espera de su padre que se fue en un destello
y sin decir adiós
ni siquiera a su carne
ni siquiera a si mismo
vea la cometa que hiciste para mi
surcando
y piense por un instante que un ángel está ahí
trayendo el amor de regreso
Si mi deber es morir
deja que traiga yo esperanza
deja que sea una leyenda.

Rafaat Alareer ya es esperanza y es leyenda. Ejemplo para la resistencia de todo pueblo que lucha por su tierra, la memoria de sus padres y el futuro de sus hijos.

(1) https://www.bbc.com/mundo/articles/cv2zxl4xeyvo

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