Carlos Feuerriegel
Dos fuerzas esenciales animan la vida de los pueblos. Una es el propio afán de vivir como comunidad cohesionada, afán que exige de un ideal colectivo, en la misma medida que la vida plena de toda persona pide la realización de su vocación, de esa llamada de su voz interior. La otra fuerza es la voluntad de saber, de hacerse las preguntas necesarias para entender el mundo en el que se vive y los poderes que en él actúan, de forma abierta o encubierta.
Terminábamos el anterior artículo sobre la crisis de la democracia en los países europeos (1) preguntándonos a qué desafíos se enfrentaba esta y qué respuestas estaba dando frente a estos desafíos. En este artículo abordaremos ambos interrogantes.
La voluntad de saber de los pueblos en Europa se ha visto reforzada en estos últimos cinco años por dos acontecimientos que han socavado la ya deteriorada confianza de una parte de la población en el sistema político. Por un lado la dictadura sanitaria impuesta durante el periodo del coronavirus, por el otro la guerra en Ucrania. Con la fuerza de movimientos sísmicos, ambas sacudidas han avivado el rechazo que las políticas económicas y de inmigración descontrolada ya estaban despertando, con mas o menos fuerza, en los pueblos europeos. La sensación de distanciamiento de la crema dirigente con respecto al pueblo soberano se puede cortar en el aire.
Tanto el coronavirus como la guerra en Ucrania han impuesto un discurso único en los medios de comunicación y en las formaciones políticas, no habiendo ninguna, en España, que haya cuestionado al mismo tiempo, en los dos casos, la línea oficial dictada por el poder. Una situación muy diferente a la del resto de Europa y que vuelve mostrar las peculiaridades del vagón de cola español tratadas anteriormente.
Todo aquel que ha desafiado el relato oficial pandémico ha sido criminalizado, hecho responsable de atentar contra la salud general. El tiempo está poniendo las cosas en su sitio y es de entender el silencio de quienes hablaban de aquellos inyectables que te protegían a tí y al vecino, evitando que contrajeras la infección y la trasmitieras. No olviden el Certificado COVID. Todo falso.
De la misma manera y con artes similares se silencia a quienes denuncian el papel provocador y agresivo de la OTAN, no ya desde el golpe de Estado del 2014 en el Maidan ucraniano, sino desde la Asamblea de 2008 de la OTAN en Bucarest en la que se acordó caminar hacia la integración de Ucrania y Georgia en esa organización militar, haciendo caso omiso de que para Rusia esa declaración era tan inadmisible como para los EEUU lo fue la instalación de misiles soviéticos en Cuba.
La democracia es inexistente cuando es imposible elegir entre opciones diferentes, cuando sólo existe en oferta un solo programa. El coronavirus, como la guerra, como la política de inmigración, como la sumisión del interés general a las demandas del capital financiero en los saneamientos posteriores a las crisis de deuda últimas, son ejemplos de esta ausencia de propuestas diferenciadas. El crecimiento de movimientos rebeldes frente a este bloque monocolor era esperable y es una señal de salud popular al responder a esta voluntad de conocer lo que realmente se esconde detrás del decorado. Todo aquello que se nos oculta. Este es el desafío legítimo al que se enfrentan unos sistemas de gobierno que ya solo brillan por la altura de su arrogancia.
¿Quién es consciente que bajo la excusa de la amenaza rusa inexistente, se planea ya deteriorar un poco más el llamado Estado social? O con palabras del mismo Mark Rutte, Secretario General de la OTAN:
“De media los países gastan hasta un cuarto de sus ingresos nacionales en pensiones, salud y sistemas de seguridad social. Necesitamos una pequeña fracción de ese dinero para fortalecer nuestros sistemas de defensa y preservar nuestra forma de vida” (2)
Un dos por ciento del Producto Interior Bruto de cada país, es la cuota que la OTAN pide a sus miembros, como aportación al presupuesto común. Pocos países la alcanzan. Trump, recién aterrizado, ya pide un cinco por ciento. Rutte nos da un anticipo de qué ubres habrá que ordeñar para recoger más fondos para la industria de la guerra permanente de la OTAN. Ante estas recetas, ¿cómo no expresar rechazo y denunciar el sistema de falsos valores con el que se nos pide comulgar?
El sistema político occidental es consciente del malestar creciente en la población y reacciona negando los mismos fundamentos que dice son el sostén de la democracia: restringiendo la libertad de expresión y lanzando sombras de duda sobre todo proceso electoral de resultado adverso. La democracia en crisis, al negarse a si misma, lleva camino de degenerar en sainete. Del túnel ortodoxo, pétreo, inicial que nos sumía en la oscuridad, pasamos al túnel de feria del tren de la bruja donde el poder político no conoce otra respuesta que menudear escobazos sobre todas las cabezas sospechosamente díscolas. La manipulación inicial de la información que llega a los ciudadanos es reemplazada por la represión pura y simple, el escobazo
Escobazos que se dan y escobazos con los que se amenaza. Como los de Thierry Breton, Comisario que fué de la oligarquía no electa de la Unión Europea al advertir que al igual que en Rumanía se invalidaron los resultados electorales, la misma suerte podrían correr las elecciones alemanas del próximo febrero, si el soberano vota lo que no debe (3) .
Breton, que en la Comisión Europea se encargó del área de comunicaciones, es decir, de su control, fue con anterioridad Director General de Honeywell Bull, France Telecom y Thomson RCA. El capital transnacional tiene en él a un excelente valedor y cuando abre la boca lo hace para expresar los temores y deseos de la riqueza errante.
Que las elecciones en Rumanía, la primera vuelta de noviembre de 2024, fueran anuladas por los jueces obedientes a la diarquía de Bruselas, con su doble sede de la OTAN y la Comisión Europea, algo tiene que ver con el hecho de que el vencedor de las mismas se oponía a cumplir con el guión dictado por la OTAN y que conduce directamente a la guerra con Rusia, como él mismo, Calin Georgescu, ha denunciado.
También tiene que ver con la construcción en Rumanía, a apenas cien kilómetros de la frontera ucraniana y a orillas del Mar Negro, de la mayor base militar de la OTAN. Coste aproximado de 2.500 millones de euros y extensión de tres mil hectáreas. Deberá albergar un contingente de diez mil soldados. No es de recibo que un resultado electoral ponga en peligro semejante aventura. Se anula y listo. En nombre de la democracia.
De la misma manera, en nombre de la democracia, de la buena, se manipulan las elecciones en otro país también vecino de Ucrania y cuya importancia estratégica es inversamente proporcional a su pequeño tamaño: Moldavia. En este país se celebraron el pasado año dos consultas electorales, una que bajo la forma de referéndum preguntaba a los moldavos si querían incorporarse a la Unión Europea, la otra para elegir a un nuevo presidente. Aquí tampoco se podían permitir resultados heterodoxos. Moldavia, que en su día perteneció a la URSS, alberga la República autónoma de Trasnitria, con población mayoritariamente rusa o rusófona. También cuenta con presencia militar de soldados rusos.
El resultado del referéndum fue de un 50,34% a favor de incorporarse a la UE y de un 55,35% de revalidar la presidencia con la que contaba el país y que orbita alrededor de la UE y de la OTAN. Alcanzar este resultado requirió de no poca mano izquierda. Moldavia posee con una gran diáspora en el extranjero. La más numerosa en Rusia, medio millón, a distancia, los moldavos que viven en los países de la UE. Para los de la Unión Europea se habilitaron 235 locales de votación. Para los de la Federación de Rusia…2. Estos dos locales disponían de cinco mil papeletas de votación cada uno. Imposible, por tanto, emitir más de diez mil votos, para una población de medio millón. La imaginación y el fraude no conocen límites a a hora de garantizar los valores elevados que coronan el edificio democrático de la Unión Europea, mano amparadora y vigilante de toda esa farsa. Que era mas que necesaria dado que los resultados electorales dentro de Moldavia arrojaron un resultado desfavorable tanto para la incorporación a la UE como para la reelección de su presidenta. Los votos emitidos en la diáspora de la UE y los que no se dejaron emitir en Rusia, salvaron los intereses de la OTAN y de la democracia como Dios manda. Fraude tan chusco podría haber sido denunciado en los tribunales, pero también para esto se tuvo previsión. Con anterioridad a las votaciones fueron cesados los jueces que no manifestaron ser suficientemente fiables a ojos de los demócratas europeos. La democracia del túnel volvió a triunfar. Un sólo discurso, oscuridad total.
En realidad no hace falta que dirijamos nuestra mirada países tan lejanos como Moldavia o Rumanía. En la vecina Francia, gobiernan los fieles de la cofradía de Macron pese a haber perdido las elecciones y carecer de mayoría en el parlamento. Otro escobazo en toda regla.
Los partidos políticos que se ubican fuera del que podemos llamar bloque institucional, responden, como dijimos anteriormente a una necesidad, la necesidad de atreverse a pensar fuera del marco preestablecido. Coinciden en su rechazo a la inmigración descontrolada y promovida, a la política de cancelación, al régimen sanitario del coronavirus, a los ardores guerreros contra Rusia y, en menor medida, a la sumisión del poder politico al capital financiero. Todo esto es necesario, pero no es suficiente.
Se echa en falta la voluntad de recuperar la soberanía plena de sus pueblos, rompiendo con la sumisión a los EEUU y su brazo de la OTAN. Esto sólo se percibe en Rumanía y en menor medida en Eslovaquia o en Austria, que no pertenece a la OTAN.
No se defiende la necesidad de otro modelo económico que prime los rendimientos del trabajo sobre los del capital y esto se puede ver claro con un ejemplo muy ilustrativo: Volkswagen.
Volkswagen es una de las mayores empresas de Alemania y de la UE. Se encuentra en serias dificultades, que son extensibles al potente tejido industrial alemán dependiente de una energía barata. La AfD, Alternativa por Alemania, el partido que desafía al bloque institucional y segundo en expectativa de voto en las elecciones próximas, el terror de Thierry Breton y Doña Ursula von der Leyen, denuncia estos costes de la energía resultado de las sanciones a Rusia y el aluvión de las energías llamadas renovables. Pero silencia que hay otro motivo detrás de la crisis de Volkswagen. La posición privilegiada que gozan los rendimientos del capital , de los accionistas, sobre los salarios de los trabajadores. Estos salarios están congelados, pendiendo sobre la plantilla despidos de hasta 35.000 empleados en los próximos años. En cambio los accionistas se han repartido en las últimos cuatro años 24.000 millones de euros en dividendos. De los cuales 3.900 millones han ido a parar a los cofres de dos únicas familias, las familias Piech y Porsche.
El dinero repartido en dividendos falta ahora en la empresa. Se puede hacer de otra forma y los partidos que se presentan como alternativa deberían defenderlo. En la Alemania nacionalsocialista, los dividendos que podían repartir las empresas no podían superar el 6%, máximo el 8% de los beneficios (4). El dinero restante debía quedar en las empresas, para aumentar su liquidez, poder hacer frente a inversiones y no tener que endeudarse. Las familia Piech y Porsche receptoras de esos miles de millones, lo saben perfectamente, porque sus antepasados ya debieron asumirlo, pero es comprensible que ellas no se esmeren en levantar la liebre. Toda alternativa al casino financiero actual pasa por reclamar la primacía de la política sobre la economía y de la economía productiva sobre la especulativa. Esta reclamación no está siendo planteada.
Con los escobazos que los dirigentes de las democracias a la hechura de la Unión Europea están descargando sobre las espaldas soberanas, el sistema se niega a sí mismo. Alimenta un malestar que se organiza como resultado de las preguntas que no pocos se formularon durante estos últimos años. El afán de saber está alterando la representación del sainete al que asistíamos como público pasivo pero todavía está por alzarse el ideal colectivo que mueva a la mayoría de los pueblos de Europa, la fuerza necesaria que supere las alternancias dando paso a una alternativa real. El afán que una y cohesione lo que estas últimas décadas han enfrentado y debilitado.
(1) www.ayoradespierta.es “La democracia en el Túnel” (I) 19/01/2025
(2) nato.int/cps/en/natohq/opinions_231348.htm
(3) romaniajournal.ro/politics/ex-commissioner-breton-what-was-done-in-romania-may-be-needed-in-germany/
(4) Avraham Barkai, “Das Wirtschaftssystem des Nationalsozialismus”, Verlag Wissenschaft und Politik, 1977, pág. 154