Venezuela

Carlos Feuerriegel

En el año 2016, tres personas fueron asesinadas en un bufete de abogados de Madrid. Un hombre y dos mujeres. A golpes y con un machete. Como móvil del crimen, la venganza del autor de las muertes contra uno de los abogados del bufete que mantenía una relación con su mujer. Ese abogado ni siquiera se encontraba en el despacho en aquel día . El asesino, Dahud Hanid Ortiz, era un ciudadano con nacionalidad estadounidense y venezolana que huyó de España, siendo detenido en Caracas, donde acabaría siendo juzgado. Recibió, en 2024, una condena de treinta años que cumplía en Venezuela al haberse denegado su extradición a España. Este criminal fue uno de los liberados en julio del pasado año dentro de un acuerdo entre Venezuela, EEUU y el Salvador para el intercambio de presos políticos (1). Dahud Hanid entró dentro del cupo de definición más que laxa de los “luchadores por la libertad de Venezuela” que febrilmente jalean nuestros medios de desinformación. Sonriente y con la banderita de las barras y estrellas de rigor posa en la foto de familia ex-presidiaria al pisar suelo norteamericano. ¡Al fin libre de tanta opresión!

Permítanme ahora un aparte escatológico porque todos estos sucedidos criminales tienen su vertiente de sainete. Quevedo en sus “Obras Jocosas” (2) nos sahumó con su discurso de las bondades del “señor don Pedo”, cuyas escapadas solían ir acompañadas de bullicio y jocosidad. La sabiduría popular, sin embargo, nos dice que tampoco andan mancas, esas escapadas, de delación, pues bien vale el dicho de que quien primero lo huele, debajo lo tiene. Y cuando los norteamericanos acusan a otros países de narcotráfico delatan el tufo a narcóticos que acompaña a sus desvergonzadas decisiones.

La acusación de estar al frente del llamado “cartel de los soles” levantada contra el secuestrado presidente de Venezuela, ya ha desaparecido de la lista de crímenes de que se le acusa. Esto no impide que esa banda y con ese mismo nombre, muestra de humor negro Made in USA, sí que tuviera una existencia real (3). Actuó con anterioridad a la llegada de Hugo Chávez al poder y a la cabeza del mismo se encontraba el General Guillen (4), alto cargo militar venezolano de la Guardia Nacional. Chávez, el antecesor del Presidente Maduro, años después lo metería en prisión, pero mas suerte tuvieron los receptores de la droga al otro lado del río Grande, que no eran otros que la libertadora Agencia Central de Inteligencia (CIA). Por parte norteamericana no hubo detenciones y todo fue atribuido a un lamentable error. Un error derivado de la descoordinación frecuente entre la DEA (la Agencia específica para la lucha contra las drogas), el Servicio de Aduanas y la CIA. En aquel caso, fue el Servicio de Aduanas de los EEUU el que se incautó del envío de unos 400 kgr de cocaína que acabó por destapar tan honorable colaboración. Chávez acabaría sepultando a aquel “cartel de los soles”. Lo contrario de lo que se nos cuenta. Para variar.

Aquel sol de la droga venezolana se ocultó pero no el negocio ininterrumpido del tráfico de drogas hacia la gran demanda del mercado estadounidense. Negocio que puede apestar u oler a rosas en función de la política del gobierno en cuyo país se realiza. Es decir, en función de que reciba, o no, los parabienes del tío Sam. A Trump, mismamente, no le ha costado nada liberar al ex-presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, hace apenas unas semanas y pese a que este cumplía una condena de 45 años por tráfico de cocaína, alrededor de 400 toneladas, destinada al mercado de los EEUU. Quizás contribuyera a tanta clemencia trumpiana el que Orlando fuera un paladín destacado del Estado de Israel en el sur del continente americano. Parecida actitud a la de Trump, ha mostrado su Ministro de Exteriores, Marco Rubio, al que no se le caen los anillos a la hora de ensalzar al actual presidente de Ecuador, Daniel Noboa, cuya familia está acusada de enviar al mercado europeo unos 700 kg de cocaína. Las cajas de plátanos de la empresa familiar de exportación de frutas es el disfraz de ocasión utilizado. Quizás aquí no nos llegaran los plátanos del colocón. Nuestros plátanos los estadounidenses, todavía, permiten que vengan de Canarias. Manifestemos nuestro agradecimiento.

Este Marco Rubio, entusiasta de toda agresión como es debido, no desconoce el perfume que se respira en la enfrentada familia de los narcotraficantes. Se crió con él. Su cuñado, Orlando Cicilia, trabajaba en una empresa de venta de animales exóticos que servía de tapadera para la distribución de cocaína en los EEUU. Fue condenado por ello a 25 años de cárcel y cumplió una condena de doce años tras llegar a un acuerdo con el Departamente de Justicia. Las penas, en los EEUU, con dinero son siempre más llevaderas. En aquel turbio percance familiar del joven Marco, el de la Florida, no el de los Alpes, el que ha llegado a ser Ministro de Trump, después de ser su feroz enemigo en las primarias republicanas, sólo estaba al cuidado y limpieza de las jaulas de los animales . Las drogas, asegura, no haberlas olido, bastante tenía con lavar a los perros samoyedos de su cuñado Orlando. No dudemos de su testimonio.

Michael Levine trabajó durante 25 años para la DEA (Agencia Anti-drogas) norteamericana. Solicitó la baja de esa institución en 1990. Es autor de varios libros sobre la complicidad de la CIA con el tráfico de drogas, no sólo en Iberoamérica (5), sino también en el sudeste asiático (6), lugar en donde se inició a gran escala la producción y traslado a los EEUU de la droga, principalmente heroína producida en el llamado triángulo dorado formado por Laos, Birmania y Tailandia. Los ingresos de la venta de drogas los empleaba la CIA para financiar sus actividades ilegales de acoso y derribo de gobiernos poco amistosos. Para no tener que pagar sus crímenes con partidas oficiales de los presupuestos. Gran ejemplo de transparencia de la democracia estadounidense. A imitar sin demora.

Levine conocía la destrucción causada por las drogas, tanto en su origen, como en su principal destino: los EEUU de Norteamérica. Un hermano suyo, heroinómano, acabó suicidándose. Una hija cayó en la dependencia y a un hijo, policía de servicio en Nueva York, le mató en 1991 un drogadicto bajo los efectos del crack, una droga elaborada a partir de la cocaína.

Levine denuncia en sus libros la abierta y descarada complicidad de la CIA y del Departamento de Estado de los EEUU con el tráfico de drogas hacia su país. Expone la implicación del ex-Presidente de Méjico, Carlos Salinas de Gortari en ese negocio, la protección dada por la CIA al que fue Presidente de Panamá, Manuel Noriega, que durante veinte años se enriqueció enviando cocaína a los Estados Unidos, hasta que una nueva descoordinación entre la Agencia Anti-drogas y la CIA, llevó a su acusación y posterior detención. En este caso acompañada del bombardeo, con centenares de víctimas civiles de la ciudad de Panamá el 20 de diciembre de 1989.

La participación activa de los gobiernos estadounidenses en el tráfico de drogas tiene larga solera. Se remonta a la década de los años treinta del pasado siglo. En aquellos años, ebrias de triunfo y liquidez, gentileza de la resaca de la llamada Ley Seca, la prohibición del consumo de alcohol en los EEUU que llegaba a su fin, las diferentes ramas del árbol mafioso empezaban a erigirse en Estado dentro del Estado. Les faltaba un ligero empujón para elevarse a la categoría de actores geopolíticos en la arena internacional. La segunda Guerra Mundial les ofreció esta oportunidad.

La mafia judía capitaneada por Meyer Lanski fue contactada por el gobierno de los EEUU para que colaborara en la detección de posibles saboteadores quintacolumnistas alemanes cuando los EEUU, ¡por fin!, consiguieron entrar en la guerra. Oficialmente, se entiende.La mafía judía estadounidense podría suministrar la información deseada gracias a su control de los sindicatos de transportistas y de estibadores en los puertos (7). Aquella operación recibió el apropiado nombre de “Underworld” (“submundo”). Algo ya apestaba aquello. Pero la judía no fue la única rama de la mafia cuya ayuda fue solicitada por el gobierno de Roosevelt. A la mafia italiana se le pidió que ayudara a favorecer la invasión de Sicilia, todavía fascista, por parte de las tropas aliadas. La mafia, había sido diezmada en Italia por un Estado, el único que históricamente puede ser calificado de “fascista”, que le había declarado la guerra. Con la colaboración que se le solicitaba, la mafia italiana vio la ocasión llegada para volver a levantar cabeza en su tierra de origen. Cabeza que desde entonces mantiene bien erguida. En ambos casos, la experiencia marcó el inicio de una relación entre el Estado oficial, representado por los diferentes gobiernos de los EEUU, y el sindicato del crimen en sus diferentes campos de actuación. Esta colaboración, como denunció Levine, no ha cesado.

Pero Levine no ha sido el único y apenas hace unos meses, en 2025, apareció un libro en los EEUU, » TheFort Bragg Cartel” (“El cartel de Fort Bragg), de Seth Harp, en el que este verdadero periodista de investigación, digno y no apesebrado, cuenta con pelos y señales lo que desde hace años es un secreto a voces: que el cultivo de adormidera en Afganistán fue apoyado y extendido por los ocupantes estadounidenses y sus aliados inmaculados de los valores occidentales. ¿Anduvo España también por esas montañas? Cualquiera diría que vuelve a oler muy mal en nuestra cercanía.

La realidad, era y es, que los malvados de ocasión, en este caso los talibanes, habían reducido la superficie cultivada antes de que acudiéramos a quitar el burka a sus mujeres, y lo han vuelto a hacer, combatir el cultivo de la adormidera, una vez nos hemos ido. Es un hecho y es todo lo contrario de los que se nos cuenta. Pero volvamos a Venezuela.

En EEUU, el problema principal derivado del consumo de drogas ilegales, es causado por una droga sintética, el Fentanilo. No proviene de Venezuela, sino, principalmente de Méjico. Oficialmente, menos del 10% de la cocaína que entra en los EEUU procede de Venezuela. La parte del león le corresponde a Colombia y allí el Presidente Petro, no muy amigo del asaltador del norte, no tiene mucho que temer dado que en mayo de este año dejará la presidencia. Ocasión de oro para que EEUU tire de chequera y todo tipo de intoxicación electoral para tratar de llevar al poder a una mano amiga. Y mano amiga, dentro o fuera del negocio de la droga, nunca ofende. Ni hiede.

Peor suerte puede depararle el próximo juicio farsa a Nicolás Maduro. Le juzgará un tribunal del sur de Manhattan presidido por un judío ortodoxo de…92 años, que, al parecer, conserva sus facultades mentales muy por encima de las del anterior presidente Biden (8). Dadas las lealtades filosionistas del juez y del abierto enfrentamiento de la Venezuela de Maduro con las prácticas carniceras de los israelíes, Maduro no debe esperar una abundancia de circunstancias atenuantes. El Departamento de Justicia de los EEUU bien sabe buscarse los escenarios judiciales más propicios para conseguir sus fines propagandísticos deseados. Trump los tiene bien enseñados.

Porque si algo debemos agradecerle al hortera y criminal inquilino de la Casa Blanca, es su claridad del instante, cierto que no exenta de contradicción a las pocas horas. Y en este sentido, para los que todavía creen en sus buenas intenciones, basta con escuchar a quien le representó ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Mike Waltz, el pasado cinco de enero, apenas unas horas después de bombardear tierras venezolanas (9):

“ (Venezuela) no puede continuar teniendo las mayores reservas de petróleo del mundo bajo el control de adversarios de los Estados Unidos”

Fácil de entender. Lo de Venezuela es de ellos y si se ponen, lo nuestro también. Al fin y al cabo, el que ejerce de jefe político de la OTAN, nuestro ejemplar paraguas de defensa, un señor llamado Mark Rutte, calificó a Trump de nuestro “papaíto” (10). Y a un padre nada se le niega.

La agresión a Venezuela, una mas de una larga lista inacabada, pretende ser una demostración de fuerza del vecino del norte en su patio de vecindad. También tiene en el petróleo su origen, pero no tanto su presencia, sino su control. Es decir, la necesidad de que se venda en dólares y no en yuanes chinos como ahora se hace con el mayor cliente, China, del petróleo venezolano. Todo lo demás son cortinas de humo con las que se nos entretiene a los pobres vasallos del occidente de los valores de todo a cien.

Hace algo mas de un siglo, el que fue Presidente de Méjico, Porfirio Diaz, dio en el clavo al expresar cual era el principal problema de su país, y no era otro, que:

“se encontraban tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”

En Venezuela pueden decir lo mismo.

Carlos Feuerriegel

(1) bbc.com/mundo/articles/cgq7xjlwOjvo

(2) Francisco de Quevedo, “Obras Jocosas”, Edimat libros S.A., Madrid, 2010

(3) Maureen Thacik, en prospect.org/2025/12/23/narco-terrorist-elite-rubio-south-america-iran-contra/

(4) Michael Levine. “Lippenbekenntnisse: Die Grossen Lügen mi Krieg gegen die Drogen”, en “Zensor USA”, Pendo Verlag, Zürich, 2 Auflage, 2004, pág. 315

(5) Michael Levine, “Deep Cover: The Inside Story of How DEA Infighting, Incompetence and Subterfuge Lost Us the Biggest Battle of the Drug War”, New York, 1990

(6) Michael Levine and Laura Kavanau, “The Big White Lie: The CIA and the Cocaine/Crack Epidemy”, New York, 1993

(7) Whitney Webb, “Eine Nation unter Erpressung”, Band 1, Verlag Corage Media, 2025, págs. 12 y sgtes.

(8) Philip Giraldi, en “The Government of Hell”. En www.unz.com

(9) middleeasteye.net/news/enemies-not-allowed-control-large-oil-reserves-us-ambassador-united-nations-says

(10) durante la última reunión de la OTAN, La Haya 2025

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